¿Otra ‘Crisis de los Misiles’ como en los años 60? El despliegue militar de Putin en Cuba resucita el fantasma de la alerta nuclear

Cultura

¿Misiles rusos en Cuba? La imagen nos retrotrae a los años 60, a un momento del siglo XX en el que a punto estuvo de estallar una nueva guerra mundial, que hubiera sido nuclear y por ello posiblemente la última. Pero hablamos del presente. Tres barcos y un submarino nuclear van a visitar el puerto de La Habana este mes de junio. “Ninguno de los navíos es portador de armas nucleares, por lo que su escala en nuestro país no representa amenaza para la región”, asegura el Gobierno cubano.

En un comunicado confirmó este jueves que ese destacamento naval arribará a puerto entre el 12 y el 17 de junio. No habla de ejercicios militares, frente a las informaciones publicadas recientemente en las que se apuntaba que, según fuentes estadounidenses, los barcos rusos viajaban hacia el Caribe para participar en unas maniobras.

En todo caso, su presencia en Cuba nos recuerda aquella crisis de los misiles que mantuvo a medio mundo pendiente y angustiado ante la posibilidad de una tercera guerra mundial.

EEUU contra la revolución cubana

En aquella Cuba que un día fue española, la misma que fue escenario de nuestra derrota ante los buques de Estados Unidos, la naciente superpotencia, la revolución había triunfado en 1959. El 8 de enero de ese año, Fidel Castro y los suyos entraron en La Habana. El Gobierno Revolucionario comenzó a promulgar una serie de decretos que finalmente llevarían a la eliminación total de la gran y mediana propiedad privada.

La reforma agraria cubana y la nacionalización de las industrias estadounidenses, que se habían extendido durante la dictadura de Batista, dispararon las alarmas en Washington, que decretó la imposición gradual de restricciones comerciales sobre la isla. El embargo se oficializó en 1960. Al tiempo, hubo ya planes para derrocar al líder revolucionario. Hay que recordarlo, entre Cuba y el territorio estadounidense apenas hay 200 kilómetros de distancia.

Las dificultades económicas fruto del embargo llevaron al régimen castrista a estrechar vínculos con la Unión Soviética, considerada por EE UU como “la gran amenaza roja”. Ese acercamiento se intensificó a partir de 1961, después de que 1.500 exiliados cubanos entrenados por la CIA trataran sin éxito de invadir la isla a través de la Bahía de Cochinos.

La operación formaba parte de una iniciativa más amplia que los servicios de inteligencia estadounidenses bautizaron como Operación Mangosta y cuyo objetivo era desestabilizar al Gobierno de Castro. La estrategia incluyó varios complots para matar al líder cubano, según determinó una investigación independiente del Senado de EE UU.

Convencido de que la potencia del norte planeaba invadir su país, Castro comenzó una agresiva militarización de Cuba, que condujo al despliegue de misiles soviéticos en la isla. Esa decisión desencadenó la conocida como crisis de los misiles.

Del 14 al 28 de octubre de 1962

Todo empezó el 14 de octubre de 1962. Fotografías tomadas por aviones espía estadounidenses U-2 revelaban la presencia de 8 lanzaderas y 16 misiles de medio alcance en la región occidental de la isla. Todo era made in Russia.

“Era evidente que estas armas estratégicas, que eran fiables y modernas, estaban destinadas a ser manejadas por la Unión Soviética y no para ser transferidas a Cuba”, señaló la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en un informe ya desclasificado.

Efectivamente, entre el 17 de junio y el 22 de octubre de 1962, Moscú había enviado a Cuba 24 plataformas de lanzamiento, 42 cohetes R-12, 162 ojivas nucleares (72 estratégicas y 90 tácticas), 42 bombarderos Ilyushin Il-28, un regimiento de aviones de caza que incluía a 40 aeronaves MiG-21, dos divisiones de defensa antiaérea soviéticas, cuatro regimientos de infantería mecanizada, y otras unidades militares. En total, había unos 43.000 soldados establecidos en Cuba.

Nikita Jrushchov, líder soviético, había ordenado que el despliegue bélico se realizara en modo secreto. Se hizo así en contra de los deseos de Castro, quien había solicitado un despliegue público con fines de propaganda.

El descubrimiento de aquellas 8 lanzaderas y 16 misiles dio paso a trece días de tensión en los que cualquier error de cálculo hubiera podido dar pie a un conflicto de consecuencias difíciles de imaginar. La tensión se prolongó hasta el 28 de octubre.

Armamento nuclear

Las estructuras fotografiadas en Cuba parecían corresponder a instalaciones de misiles tácticos, todavía no operativas pero que lo estarían en poco tiempo. En Washington echaron cuentas: de la isla a la península de Florida hay sólo 200 km, distancia que se consideraba fácilmente superable por los misiles soviéticos. Lo que desconocía en ese momento la inteligencia estadounidense es que las tropas rusas desplegadas en Cuba también estaban equipadas con armamento nuclear.

El presidente de EE UU, en ese momento el mítico John Fitzgerald Kennedy, demostró tener inteligencia y sangre fría. No hubo sitio para aquella testosterona que, cuentan sus biógrafos oficiales y los otros, había paseado por muchos dormitorios además del de su esposa Jacky.

Una de las medidas clave que adoptó fue la creación de un grupo de trabajo formado por asesores de su confianza del Consejo de Seguridad Nacional. Estos expertos abogaron por hacer oídos sordos a los responsables del Estado Mayor, que apostaban por un ataque aéreo sobre Cuba. En su lugar apostaban por abrir una negociación con el Kremlin a través de canales no tradicionales al tiempo que se implantaba un bloqueo sobre la isla par evitar la llegada de nuevas armas.

Y eso fue lo que hizo Kennedy. “La actitud del presidente fue fundamental para desactivar la crisis. Kennedy buscó evitar cualquier intercambio nuclear, ya fuera voluntario o accidental”, defiende la historiadora jefe de la Oficina del Departamento de Defensa, Erin Mahan.

El 22 de octubre de 1962, el presidente se dirigió al pueblo estadounidense en un mensaje televisado de 17 minutos. Habló públicamente de establecer una cuarentena y un “cerco naval” alrededor de la isla de Cuba. La Marina de los EE UU desplegó un bloqueo aéreo-naval en el Mar Caribe a partir del 23 de octubre.

“El camino que hemos elegido en estos momentos está lleno de peligros, como todos los caminos. Pero es el más coherente con nuestro carácter y nuestro valor como nación (…). Y un camino que nunca elegiremos, es el camino de la rendición y de la sumisión“, concluyó Kennedy en su alocución.

“Un camino que nunca elegiremos, es el camino de la rendición y de la sumisión”, dijo Kennedy en su mensaje televisado del 22 de octubre de 1962

Y, en realidad, esa fue la clave. Encontrar un camino en el que no hubiera vencidos, pero tampoco vencedores. Posiblemente la única vía que podía evitar que alguien acabara con ese desagradable sabor a ceniza en la boca.

El 24 de octubre, Jrushchov dirigió un mensaje a Kennedy: “La URSS ve el bloqueo como una agresión y no instruirá a los barcos que se desvíen”. No los detuvo, pero sí que se ordenó que disminuyeran la velocidad en su desplazamiento hacía Cuba. De ese modo evitaba un conflicto mayor, mientras se abrían las posibilidades de una negociación entre las partes.

Dos días después, el 26 de octubre, Moscú mandó a Washington un mensaje personal de Jrushchov para Kennedy. Le propuso que los buques soviéticos se retirarían si el gobierno estadounidense lanzaba una declaración pública renunciando a derrocar al régimen de Fidel Castro y ofreciendo no patrocinar ningún ataque bélico con ese fin. Cuando el acuerdo parecía inminente un incidente aéreo estuvo a punto de acabar con todo y precipitar la guerra.

Un avión derribado casi acaba con todo

Fue el 27 de octubre de 1962, la defensa antiaérea soviética estacionada en Cuba activó por primera vez sus sistemas de radares y derribó un avión espía estadounidense U-2, con un misil tierra-aire cuando este espiaba al oriente de la isla. El avión se estrelló y el piloto murió. La tensión fue a más y por un momento pareció que las negociaciones se enfangaban.

En la mañana de ese mismo día, Jrushchov propuso a Kennedy el desmantelamiento de las bases soviéticas de misiles nucleares preocupado por la posibilidad de una acción unilateral cubana. Sólo más tarde se supo que la decisión de disparar el misil fue tomada localmente por un comandante soviético indeterminado, actuando bajo su propia autoridad. El 28 de octubre, Jruschov le dijo a su hijo Sergei que el derribo del U-2 había sido obra de los “militares cubanos bajo la dirección de Raúl Castro”.

Finalmente, “a través de iniciativas por canales no oficiales, EE UU acordó no invadir Cuba y retirar sus misiles de Turquía. Por su parte, Jrushchov se comprometió a desmantelar y retirar los misiles soviéticos y bombarderos ligeros de Cuba”, resume la historiadora norteamericana.

El resultado final de la crisis de los misiles fue que:

  • La Unión Soviética retiraba los misiles nucleares instalados en Cuba.
  • EE UU se comprometía a no declarar la guerra a Cuba.
  • Washington retiraba los misiles nucleares instalados en Italia y Turquía.
  • Se creó una línea de comunicación directa entre la URSS y los EE UU a través del teléfono rojo.

Fuente: 20 minutos