Meloni, la joya de la corona y las diferencias: por qué la derecha radical no va a tener un ‘supergrupo’ en el Parlamento Europeo

Cultura

Hay tantas Europas como personas; hay tantas definiciones como respuestas, pero también puntos en común. La UE está en un punto de inflexión y las elecciones europeas del 6 al 9 de junio serán las que sirvan para dibujarle al proyecto europeo dos caminos muy diferentes. Cuando uno camina por Bruselas es raro escuchar a gente hablar muy al detalle de los comicios, más allá de ir a votar o no; pero la Unión tiene que decidir qué quiere ser y en esa mesa se sentará con mayor fuerza -según las encuestas- una ultraderecha que quiere marcar el paso y condicionar el devenir de una Europa que necesita adaptarse a un contexto internacional en el que no hay tiempo que perder.

Ahora, se trata de una derecha radical que ahora está dividida en dos y cuya fuerza depende de si se puede unir en un ‘supergrupo’ en la Eurocámara: pero ni es sencillo ni está cerca. ¿Por qué?

Las últimas elecciones europeas, las de 2019, no fueron un gran éxito para las dos familias de la ultraderecha. ECR sacó 68 eurodiputados, mientras que ID se quedó con 59 asientos en la Eurocámara. Quinta y sexta fuerza respectivamente, sumando 127 escaños entre ambas, es decir, menos que el PPE y que S&D y solo 25 más que los liberales. Las cuentas entonces no salieron, pero eso puede acabarse ahora. Para el 9 de junio los dos grupos manejan buenos números en los sondeos, y podrían estar entre los 80 y los 85 diputados cada uno, algo que les podría aupar a la primera o segunda plaza si se hiciera la suma. En todo caso, de momento, estas son solo las cuentas de la lechera; lo importante está más en el fondo.

Nada se va a quedar como está; la foto actual es la siguiente: ECR está liderado por la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que comparte ‘casa’ con Vox, los polacos de Ley y Justicia (en el poder hasta hace unos meses), los Demócratas de Suecia o la Nueva Alianza Flamenca, que son un partido independentista. Además, también convive ahí el Partido Democrático Cívico, que ahora se encuentra en el poder en República Checa de la mano de Petr Fiala. Llama la atención que la familia de los Conservadores y Reformistas Europeos fue fundada por los conservadores británicos, en el año 2009, justo cuando abandonaron el PPE para acelerar su giro eurófobo.

Por otro lado, ID no deja de ser una ‘escisión’ por cuestión de egos. El grupo fue fundando por Marine Le Pen y por Matteo Salvini hace solo 10 años, y ahora tiene también en sus filas a la Chega portuguesa de André Ventura, al Partido por la Libertad de Países Bajos, que ganó las últimas elecciones nacionales de la mano de Geert Wilders o a Alternativa por Alemania, que acaba de ser expulsado porque su candidato a las europeas, Maximilian Krah, aseguró en una entrevista que ser de las SS hitlerianas “no implicaba ser un criminal”. Hilando muy fino, ECR es el euroescepticismo suave y ID representa una opción más rupturista con la UE, con unos planteamientos que según los expertos son “de vieja escuela”, es decir, más asociados a la era pre brexit, como por ejemplo el rechazo al euro o al espacio Schengen.

Daniel Gil, analista en The Political Room especializado en Unión Europea, explica a 20minutos que hay que partir de la base de ir “más allá de los grandes líderes” como Meloni, Le Pen o Salvini, pero no: “Cada partido tiene sus propios intereses” y por eso el supergrupo es algo muy complicado. “No se trata de que se pongan de acuerdo uno, dos o tres líderes, sino que hay involucrados muchos más actores”, avisa Gil. Le Pen y Meloni “no pueden actuar solas”. La primera ya le ha hecho una oferta a la segunda, que se ha dejado querer… pero nada más de momento. El analista añade también el hecho de que estos partidos “tienen distintas visiones estratégicas”.

La verdadera línea divisiva ahora mismo entre las dos partes es la visión sobre Ucrania, con ECR mucho más cerca de Volodimir Zelenski, en una posición frente a Rusia que le ha servido para conseguir la validación de Ursula von der Leyen, entre otros líderes del PPE. “Los vínculos con Rusia por ejemplo de la Lega de Salvini o de RN de Le Pen están sobre la mesa”, pero no solo eso: ID son “más proteccionistas” que ECR. “Hay demasiadas cosas que les separan a pesar de que todos forman parte de un grupo ideológico que está sin hilar. En los matices es donde se pierde esa unidad”, concluye Gil.

Por su parte, David Gómez, de El Orden Mundial, sostiene que esa unión es muy complicada porque “hay que entender las diferencias que existen entre ECR e ID”, coincide con Gil, hablando de un “euroescpeticismo más suave en el caso de los primeros” pero a la vez con un “alineamiento” con la OTAN, algo que no pasa del todo con los de Le Pen y Salvini. “ECR es una versión más institucional”, comenta, antes de aclarar que “cada partido en el espectro de la ultraderecha cada partido mira precisamente por los intereses de su propio país, y esos intereses llegados algunos momentos van a chocar“.

Después del 9 de junio habrá tres escenarios posibles. Tras la expulsión de AfD del grupo Identidad y Democracia lo más probable es que esa familia política sume a los eurodiputados de otros partidos, entre ellos quizá Fidesz, la formación de Viktor Orbán -que coquetea también con ECR- y que no tiene grupo desde su expulsión del PPE. Un clavo saca otro clavo y todo seguiría igual en ese caso. La opción B podría ser una reestructuración total del espacio, con ese quimérico supergrupo o incluso con tres distintos: ECR, ID y uno más que incluya precisamente a AfD. Eso sí, para formar familia política hacen falta al menos 23 diputados de siete Estados miembros distintos.

La tercera posibilidad tiene la mirada más en el medio plazo y pasa por una integración de Fratelli d’Italia en el PPE: falta por ver qué movimientos harán los conservadores tradicionales no solo en cuanto a los pactos, sino también desde el punto de vista estructural. La ‘amistad’ política de Von der Leyen con Meloni podría facilitar esta opción, que permitiría a la primera ministra italiana acabar su aceptación en Bruselas y ser parte de los grandes acuerdos sin perder una esencia ideológica que ya validan muchas voces dentro de la derecha mainstream. Con todo, esta salida no se cogerá -si se da- justo después del 9 de junio.

La figura central de (casi) todo es Giorgia Meloni. La presidenta de ECR ha combinado políticas duras a nivel nacional con un pragmatismo en la UE que le ha servido para poder salir en todas las fotos. Ella ya es un socio asumible para el PPE, que no ve igual por ejemplo a los polacos de Ley y Justicia, con quienes la Comisión Europea ha tenido choques importantes a cuenta del Estado de Derecho. Fratelli, por su parte, sí que cumple con tres estándares que le dan empaque en Bruselas: es pro OTAN, pro Ucrania y no ha tenido problemas a nivel de roces institucionales. Su euroescepticismo se ve como algo blando a la hora de hablar de acuerdos.

Ella gana, pero hay que tener en cuenta una cuestión numérica: el PPE tiene que elegir socio y si quiere que Meloni -que no ECR- lo sea podría sumar unos 25 eurodiputados, pero ese camino cierra la opción de un gran acuerdo con socialdemócratas y liberales (unos 200 escaños en total). Así, a los conservadores no le salen las cuentas al menos para poder echar a andar la legislatura; los acuerdos específicos ya serán otra cosa bien distinta.

La conclusión es que la opción del ‘supergrupo’ de ultraderecha en el próximo está muy lejana; es casi imposible. La visión nacionalista de cada partido hace que cuando se bucea un poco se vean las diferencias; además, su euroescepticismo no es igual. Blando o drástico, pragmático o rupturista. Excluyente o aceptado para los pactos. La nueva UE tendrá, casi con total seguridad, más derecha radical, pero si esta acaba dividida en forma y fondo su repercusión no será tan grande. Además, todo depende de las gafas con las que se mire, debe pensar el PPE. La ultraderecha está en auge, pero de momento habrá que seguir hablando en plural para referirse a ella.

Fuente: 20 minutos