Aciertos y errores en el lustro Von der Leyen: de la firmeza frente a Putin… a un equipo estrecho con ciertos patinazos al final

Cultura

Es muy probable que todo el mundo en Bruselas sepa quién es Ursula von der Leyen. Da igual que la persona a quien le preguntes tenga o no relación con las instituciones europeas; la presidenta de la Comisión ha conseguido que todo el mundo le ponga cara y ese impulso, entre otras cosas, es el que la ha llevado a postularse para repetir mandato. Otros cinco años al frente del Ejecutivo comunitario es el objetivo de una mujer que acumula luces y sombras (para algunos más de las primeras, para los más detractores hay mayoría de las segundas) pero que, sin duda, no deja indiferente a nadie. Es justo decir que ha elevado el cargo a unos niveles mediáticos pocas veces vistos, pero no se ha librado de alguna polémica y puede que no tenga la reelección tan atada como parece.

¿Cómo ha sido en realidad el lustro Von der Leyen como jefa de la Comisión Europea y como, para muchos, como lideresa total de la UE? Hay aciertos… y algunos errores:

Una llegada plagada de dudas

Lo cierto es que nadie contaba con ella como líder del Ejecutivo comunitario y su aterrizaje fue complicado. Eligió un equipo de pretorianos que la conocieran más a ella que las dinámicas de Bruselas y eso le pasó factura durante los primeros meses: un círculo demasiado estrecho de gente le valió críticas y lentitud en la toma de decisiones, pese a que ella, nacida en la capital comunitaria, sí conocía de qué iba el tema cuando se trataba de hablar de Unión Europea. Von der Leyen apostó por una Comisión continuista en cuanto a nombres pero con dos pilares clave en lo que a política se refería: una estrategia geopolítica y el Pacto Verde.

En 2019 pocos sabían lo que se avecinaba, y Ursula von der Leyen se empeñó en dar mucho peso a la Comisión Europea después de la crisis del 2008 y el brexit. La credibilidad de la UE estaba muy tocada sobre todo por los estragos de la recesión, pero la dirigente alemana quiso subirse al carro de la unidad mostrada con la salida del Reino Unido y parecía tener casi todo el viento a favor, aunque convencía a muy poca gente una estrategia que pasaba, sobre todo, por acumular “demasiado poder”, según algunas fuentes consultadas por 20minutos. Con el tiempo lo conseguiría, y no necesariamente para mal. “Llegó al cargo teniendo casi que pedir perdón y ha sabido navegar en situaciones que otros no hubieran sabido gestionar“, sentencian las fuentes.

El ‘sofagate’ refuerza su perfil

Pero todo el mundo empezó a hablar de Ursula von der Leyen en una de las situaciones más incómodas de los últimos tiempos, de la que ella salió bien parada pese al mensaje inicial que dejó: el sofagate. El incidente se dio en Ankara, durante una reunión en la que la germana estaba junto al presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y al presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, que ejercía lógicamente de anfitrión. En el encuentro, la sala estuvo dispuesta con dos sillones y Von der Leyen quedó excluida en uno de los lados, de la sala mientras Michel y Erdogan ocuparon los asientos principales.

Esto fue entendido por todos como una maniobra machista, y el desplazamiento de la presidenta despertó todo tipo de críticas, no solo hacia Turquía, sino también hacia Michel, quien aceptó sin réplica el ‘reparto’ de asientos. De hecho, tuvo que dar explicaciones en el Parlamento Europeo, donde asumió los reproches. Von der Leyen fue mucho más dura y aseguró que lo sucedido en Ankara no hubiera pasado si ella “no fuese una mujer”. Al mismo tiempo, llamó a dar voz “a todas las mujeres” que pasan por situaciones como esa.

Esa situación, además, sirvió para empezar a mostrar lo que después fue un secreto a voces: Von der Leyen y Charles Michel no tienen -nunca han tenido- buena relación, y se demuestra por ejemplo en las dinámicas que ambos adquirieron a lo largo de la legislatura en redes sociales, queriendo tener todo el protagonismo posible en detrimento del otro.

Firmeza total con la pandemia y la guerra

Lo que realmente ha reforzado a Ursula von der Leyen como hiperlideresa de la UE han sido tanto la gestión de la pandemia como la reacción ante la invasión rusa de Ucrania. “No era fácil no amilanarse en situaciones así, sin precedentes”, explican desde su círculo cercano. En cuanto al virus, la Comisión Europea con ella al frente apoyó desde el primer momento la idea de un fondo de recuperación, así como la compra conjunta de vacunas; rompió los moldes de un Ejecutivo comunitario tachado hasta entonces de lento e ineficiente y se convirtió en la verdadera voz de Bruselas en los momentos más complicados.

Con todo, sobre el covid también hay una sombra importante que cubre a la alemana, aunque no haya tenido tanta repercusión. Y es que la opacidad en torno a los contratos con las farmacéuticas para la compra de dosis se convirtió en un problema. Hubo muchas voces que la acusaron de poca transparencia, pues era la Comisión la encargada de negociar, y todavía hoy esas situaciones pesan para su reelección. De hecho, el Ejecutivo comunitario fue forzado a publicar los contratos con las compañías, con documentos en los que la información importante quedó oculta “por razones de confidencialidad”.

Respecto a la guerra en Ucrania, de nuevo, firmeza. Von der Leyen llamó desde el principio a la aplicación de sanciones contra Rusia y a un envío de ayuda constante a Kiev. Tal fue su implicación que en determinados momentos su nombre llegó a sonar para sustituir a Jens Stoltenberg al frente de la OTAN. Ese compromiso con el Gobierno de Zelenski se mantiene intacto; tanto es así que una de sus ideas base para el futuro cercano es que la próxima Comisión tenga un cargo específico para la Defensa y apuesta claramente por una reconversión industrial.

Muchas críticas por su posición con Israel

Las críticas más duras en torno a la figura de la dirigente germana llegaron tras los atentados de Hamás sobre Israel del pasado 7 de octubre: tardó apenas unas horas en viajar a mostrar su apoyo al Gobierno de Benjamin Netanyahu, y lo hizo sin que la UE tuviera una posición clara sobre el conflicto. Esa celeridad fue vista como un error grave e incluso el Parlamento Europeo alzó la voz contra esta dinámica. Además, Von der Leyen se llevó los reproches del Alto Representante, Josep Borrell, mucho más duro con la posición israelí y sus ataques sobre Gaza. Con el paso de los meses la presidenta de la Comisión ha tenido que suavizar su tono y abrir el lenguaje hacia una posición más neutral.

Un cierre opaco… y un nombramiento censurado

Lo último, para cerrar el círculo, ha sido también una reprimenda precisamente por cuestiones relativas a su equipo más cercano y a su campaña para la reelección como presidenta del Ejecutivo comunitario. Este mismo jueves el pleno del Parlamento Europeo pidió que se anule el nombramiento de Markus Pieper como enviado de la Comisión Europea para las pequeñas empresas, precisamente porque se trata, dicen, “de un caso de favoritismo”, pues Pieper es una persona de la total confianza de Von der Leyen. De nuevo, las estrecheces del principio; de nuevo, las críticas sonando más fuerte que los elogios. La presidenta y candidata ya ha dicho que no dará marcha atrás.

Fuente: 20 minutos