El PSOE pospone la elección de la candidatura para las europeas hasta finales de abril

Redacción

El PSOE no tiene prisas por elegir a su cabeza de lista para las elecciones europeas del próximo 9 de junio. Los comicios cerrarán el ciclo electoral, tras las vascas y catalanas, a modo de examen sobre los pactos de investidura con la ley de amnistía como principal elemento divisorio. En Ferraz se mira de reojo a lo que haga el PP, también sin candidato a diferencia de otras formaciones como Vox o Sumar, y sitúan la ratificación de su candidato en un comité federal a finales de abril, previa propuesta de la ejecutiva. Previsiblemente, según indican las mismas fuentes, tras las elecciones vascas que se celebrarán el 21 de abril. Este es el plazo límite que se marcan para salir de dudas tras revolotear varios nombres con pros y contras, según las diferentes opiniones, que mantienen la decisión en el aire.

Los socialistas son conscientes de que necesitan un candidato con capacidad de confrontar con el PP, al dar por descontado que enfocará la campaña como un plebiscito. Una suerte de segunda vuelta de las generales, coincidiendo la campaña con la aprobación definitiva de la amnistía, con el objetivo de que las urnas censuren los pactos con los independentistas y refuercen la estrategia de oposición de Alberto Núñez Feijóo. Los comicios europeos, tradicionalmente con una menor participación, suelen castigar a los partidos en el Gobierno.

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Para disminuir daños, en el PSOE son conscientes no solo de que necesitan un buen cabeza de lista, sino de contar con el viento de cola de las elecciones catalanas si el PSC consigue romper la mayoría independentista y situar a Salvador Illa al frente de la Generalitat. Un escenario que justificaría su cuestionada hoja de ruta sobre la “convivencia”, incluso entre los votantes socialistas.

Como posibilidades han circulado nombres que van desde la vicepresidenta de Transición Ecológica, Teresa Ribera, a la opción continuista de Josep Borrell o Iratxe García, número dos en las pasadas europeas y presidenta de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas. Incluso hay quien ha mirado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, dando cuenta de la importancia de esta cita electoral para salvar el relato de la legislatura.

Nadie se ha autodescartado en público, aunque en privado ni los señalados en las quinielas ni en la dirección socialista acaban de encajar estos nombres. Sobre el actual comisario de Exteriores, Josep Borrell (Lleida, 1947), comenzó diciéndose que había “cerrado su ciclo político” para acabar suavizando esta contundencia en los últimos días.

Apuesta por la “continuidad”

“Borrell tiene que decir primero qué quiere hacer”, explican en la dirección ya sin descartar nada. Sobre Teresa Ribera, comenzó asegurándose que su apuesta supondría desvestir un santo para vestir otro para ahora alimentar que “sería una magnífica candidata y comisaria”. Al mismo tiempo, en la dirección y sobre el resto de la lista se apela a la “continuidad”.

Más allá de las intenciones que traslade Borrell a la dirección, quien se inclinaría por no repetir según interpretan algunos socialistas que han hablado con él, el Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores no parece el mejor situado para capitalizar el “efecto moral” que esperan en Ferraz si validan su agenda de la convivencia en las catalanas. Siempre cuestionó la estrategia de acuerdos con el independentismo, y su hemeroteca sobre la amnistía tampoco es amable. Tras pactarse en la investidura la medida para dar carpetazo judicial al ‘procés’, no dejó de admitir “bastantes preocupaciones”. Con todo, su capital político es alto y la “continuidad” en las listas a la que se refieren en la ejecutiva socialista apunta a su favor.

Renovación orgánica

Durante las últimas semanas, Ribera se centra en señalar que estará a disposición de lo que decida su partido, admitiendo que el debate sobre la candidatura deberá clarificarse. No obstante, subraya que su prioridad ahora mismo es seguir desplegando la hoja de ruta de la transición ecológica en el Gobierno. Entre las ventajas que se asocian a su candidatura figura que podría convertirse en la próxima comisaria de Medio Ambiente, si bien para ocupar este cargo no hace falta concurrir en las listas electorales.

De los resultados de las elecciones europeas depende también cómo se encare el proceso de renovación territorial en el PSOE y las fechas para celebrar antes un congreso federal. La debilidad electoral es sinónimo de debilidad orgánica y Pedro Sánchez es el primero que quiere acelerar el relevo generacional en el partido. La intención es abordar sin dilación tras las europeas estos cónclaves con una amplia renovación que se naturaliza como parte de un “ciclo vital cumplido”. El mensaje que se traslada a los territorios es que deben rearmarse y promover liderazgos “transversales”, con capacidad de aglutinar apoyos más allá de las siglas, para frenar su declive electoral. Afianzar “proyectos de largo recorrido” para aglutinar voto “más allá del PSOE”.

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