El River Plate, campeón de la Supercopa Argentina con angustia

Redacción

El River Plate sudó sangre, sudor y lágrimas (al final fueron de emoción) para superar a Estudiantes (1-2) y llevarse la Supercopa Argentina, disputada a partido único en el Estadio Mario Alberto Kempes, en Córdoba.

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La final se le puso cuesta arriba al equipo de Martín Demichelis, que encajó un primer tanto en frío, en el minuto 3, con un tremendo cabezazo de Javier Correa que aprovechó un centro milimétrico del colombiano Edwuin Cetré, un extremo de los de antaño a los que gusta ver en acción.

Muy incómodo, el River no se encontró hasta llegar el segundo tiempo, donde jugó convencido de darle la vuelta al marcador. Fue entonces, cuando anuló por completo Estudiantes, que se mantuvo en ventaja gracias a la gran actuación de su portero, Matías Mansilla.

Demichelis fue intervencionista. Y sus cambios dieron el plus que acabó siendo definitivo en una tercio final de encuentro teñido de la emoción que se le presupone a una final. La entrada de Claudio Echeverri, ya vendido al Grupo City, dio muchísima mordiente.

Empató el Millonario, en el minuto 80, con un fogonazo de Pablo Solari, que se ha acostumbrado a aparecer en las grandes citas: estuvo muy bien en el Preolímpico donde Argentina le aplicó un KO a Brasil y selló el billete para París 2024 y, después, en el superclásico ante Boca Juniors. El balón tocó al central Zaid Romero lo suficiente para descolocar a su cancerbero.

Y en el descuento llegó la locura. Rodrigo Aliendro, que había saltado al terreno de juego hacía muy pocos minutos para aportar orden al medio del campo, empalmó un balón desde la media distancia que entró por toda la escuadra. Un tanto histórico.

El éxtasi de los de Núñez fue completo. Demichelis se desató, sacándose toda la presión. El joven técnico, que vive su primera experiencia en la élite, había pasado unos últimos días de mucha presión, situado en el centro de la diana y criticado por un sector de la hinchada y la prensa.

Él es uno de los grandes ganadores de la noche, por haber sabido mover el banquillo… y por aumentar su currículo. Ya son tres títulos en menos de quince meses. Se está saliendo con la suya en el titánico reto de sustituir a Marcelo Gallardo, el técnico más victorioso de la historia del club.

Y por parte de Estudiantes la desolación absoluta. Eduardo Domínguez jugó muy bien sus cartas, con un equipo inferior, que supo morder cuando puso el balón arriba y que tuvo a River Plate contra las cuerdas. La crueldad se ensañó con los de La Plata.

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