Elecciones en Portugal

Cultura

Este domingo se celebraban elecciones generales anticipadas en Portugal. No tocaban todavía ni las obligaba una moción de censura para poner fin a la Legislatura que estaba discurriendo con normalidad democrática y, a juicio de muchos extranjeros, incluso con bastante éxito. Era la segunda del socialista Antonio Costa, gobernando con el respaldo de otros partidos de izquierda. Nada hacía prever unos meses atrás que el Gobierno que había consolidado la estabilidad cayese en cuestión de horas.

Hasta que un día, la investigación de un pequeño escándalo de corrupción política, en el que aparecía el apellido Costa entre los implicados hizo estallar la alarma. El primer ministro leyó el texto del sumario e inmediatamente se trasladó al palacio de Belén, sede de la Jefatura del Estado y le presentó al presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa su dimisión irrevocable. Al salir de la audiencia atendió a la prensa y anunció que era inocente de las acusaciones, pero que no podía dejar que las dudas empañasen la imagen del Gobierno ni la suya propia.

La noticia cayó como una bomba. Los adversarios de la oposición la recibieron con alegría por la oportunidad que les abrían las elecciones, pero con el mismo respeto que el jefe del Gabinete había anunciado tan honrosa decisión. Pocas horas más tarde se supo que la crisis respondía a un error. El sospechoso de las irregularidades era efectivamente un ministro apellidado Costa, pero nada que pudiera implicar a Antonio Costa más allá de coincidir en el apellido. No son familia, en Portugal como también ocurre en España, algunos apellidos se repiten mucho sin necesidad de implicar lazos familiares.

Dentro de mes y medio se conmemorará el cincuenta aniversario del 25 de Abril en que fue derribada la dictadura salazarista – etapa en que la corrupción política, tanto en el ámbito nacional como local, fue menor, aunque por supuesto no desapareció del todo. Un primer ministro también socialista estuvo preso, pero la honradez y dignidad política es mayor que en otros países. La conclusión visto lo que estamos viendo en España es que en Portugal se dimite. Antonio Costa no lo pensó ante el riesgo de ver su honradez puesta en duda. En España sin ir mas lejos, los implicados en llamado Koldogate en cambio se resisten a imitar este ejemplo.

Fuente: 20 minutos