El misterio de la Pila de Bagdad: la vasija de hace 2.000 años que funcionaba como batería y cuyo origen desconocemos

El misterio de la Pila de Bagdad: la vasija de hace 2.000 años que funcionaba como batería y cuyo origen desconocemos

Redacción

En 1936, en una operación rutinaria por parte del Departamento Estatal Iraquí del Ferrocarril, los operarios encontraron una tumba con multitud de tesoros de la antigüedad. Databan del 248 antes de Cristo y del 225 después de Cristo y, supuestamente, entre ellos se encontraron una serie de vasijas de terracota bastante peculiares. Un arqueólogo dictaminó que era una batería eléctrica.

La explicación puede que sea mucho más simple.

La batería de hace 2000 años. La ‘batería de Bagdad’, o ‘pila de Bagdad’ como se conoció la vasija desde entonces, no fue una pieza única, sino que había más de su clase. Se trata de un jarrón de terracota que contenía en su interior un cilindro de cobre, una barra de hierro y una tapa de arcilla. No es muy grande, ya que tenía un diámetro de unos cuatro centímetros con unos 14 de altura. Debido a los rastros de corrosión de los materiales metálicos, Wilhelm Köning (que fue un arqueólogo alemán responsable de la Administración de Antigüedades de Bagdad) lanzó la idea de que era una batería capaz de generar electricidad.

Y sí, funcionaba. Para demostrar su teoría, el arqueólogo introdujo en su interior un electrolito -una sustancia que puede comportarse como conductor eléctrico y puede ser calcio, sodio o magnesio en estado líquido- y, conectado a una lámpara, se consiguió que diera luz de forma tenue. Parecía estar claro: era una pila, pero de 2.000 años de antigüedad. En la época, lo más probable es que ese electrolito fuera zumo de uva o algún otro ácido con características similares.

Puso patas arriba la opinión histórica. Evidentemente, esto revolucionó las creencias que teníamos sobre la capacidad tecnológica de las civilizaciones antiguas. ¿Cómo era posible que achacáramos la invención de la pila a Alessandro Volta cuando los partos ya tenían baterías siglos antes? Bien, no pienses en esta ‘batería’ como las que tenemos actualmente, capaces de alimentar dispositivos. Köning, supuestamente, dijo que se utilizaba para galvanizar objetos.

Ironie Pile Bagdad

Representación de la batería de Bagdad. Creado por Ironie, CC BY-SA 2.5, via Wikimedia Commons

El proceso de galvanización. De este modo, y utilizando las propiedades de electrólisis del ácido junto a la cavidad de cobre, las civilizaciones de la antigüedad, podían construir objetos dorados que, realmente, no eran de oro. El proceder sería mediante una galvanización muy rudimentaria. Actualmente, mediante un proceso electroquímico, podemos cubrir un metal con otro. Con ello se puede proteger el metal interno con una fina capa de otro metal externo que tenga mejor resistencia a la oxidación, por ejemplo, pero también utilizar hojas de oro para revestir objetos de otro metal. Tras la Segunda Guerra Mundial, un ingeniero estadounidense llamado Willard Gray fabricó una réplica y afirmó que, utilizando sulfato de cobre generó una potencia de entre uno y dos voltios y consiguió galvanizar una estatuilla de plata. En dos horas se volvió dorada. El experimento se replicó por parte de Arne Eggebrecht (exdirector del Museo Roemer) a finales de los años setenta con idénticos resultados.

Llegó la polémica. Aunque todo esto suene espectacular, había muchas incógnitas (y parece que alguna que otra mentira). Relacionado con la galvanización, en una entrevista a BBC, la doctora Bettina Schmitz (investigadora del mismo museo, el Roemer), afirmó lo siguiente:

“No existe ninguna documentación sobre los experimentos que tuvieron lugar aquí, en 1978. Ni siquiera quedaron documentados con fotografías, lo cual es una lástima. He buscado en los archivos y hablé con todos los involucrados en 1978 sin resultados”.

El galvanizado defendido por Köning para los objetos de la época se realizó, además, mediante una técnica llamada ‘dorado al mercurio‘. Se añade oro o plata a una base de mercurio que se aplica al objeto, se calienta para volatilizar el mercurio y, así, sólo queda la capa del metal precioso sobre el objeto. De hecho, Schmitz no fue la única que desacreditó todo esto y, en 2012, la experta en arqueología iraquí Elizabeth Stone afirmó que no conocía a ningún arqueólogo que creyera que era una batería.

No se sabe realmente de dónde viene. Que una colega de Eggebrecth no haya logrado encontrar una evidencia de lo que el director de su museo, supuestamente, probó no tantos años atrás, es algo bastante revelador. También hay problemas con el fechado, ya que no hay registros antiguos para un objeto tan importante. Unos arqueólogos afirman que perteneció a los partos (248 a.C. al 225 d.C.), pero otros arqueólogos señalan que este tipo de vasijas están construidas al estilo del Imperio Sasánida (entre el 250 y el 650 después de Cristo). Son 900 años de diferencia, demasiado tiempo. De hecho, los registros tampoco se ponen de acuerdo con su localización: unos dicen que se encontró en la mencionada excavación ferroviaria, pero otros afirman que estaba en el sótano del museo cuando Köning la encontró.

¿Y si sólo era una vasija? Algo que está claro es que hay demasiadas versiones y, de hecho, demasiados usos posibles. La teoría de la galvanización sigue teniendo peso, pero en la misma entrevista a la BBC, el doctor Paul Craddock (experto en metalurgia del Cercano Oriente en el Museo Británico) afirma que, si bien el objeto es único porque no se ha encontrado nada parecido, apunta a su posible uso en rituales mágicos. Por ejemplo, utilizando ese ácido como electrolito, se podría usar para realizar trucos en el templo:

“Se podría conectar a la estatua de un dios y luego el sacerdote te haría preguntas. Si dabas la respuesta incorrecta, tocarías la estatua y recibirías una pequeña descarga, como un hormigueo. Si respondes correctamente, el sacerdote desconectaría la batería y no llegaría ninguna descarga, por lo que la persona estaría convencida del poder de la estatua, del sacerdote y de la religión”.

Tiene sentido, pero también afirma, con algo de sorna, que “es una pena que no hayamos encontrado ningún cable, por lo que nuestra interpretación podría ser totalmente errónea“. De hecho, hay otras teorías que afirman que, debido a la similitud entre la pila de Bagdad y otras piezas similares encontrados a orillas del río Tigris, la supuesta batería sería, simplemente, el recipiente de rollos de papiro con textos sagrados con ese cilindro de cobre como protección.

Además de lo expuesto, que no tenga terminales positivo y negativo dificultaría su uso como batería porque no se pueden conectar esos cables y, además, el electrolito se debería cambiar con frecuencia porque los ácidos de la época no duraban mucho. Sería algo complicado debido a que estaba sellada con algo similar al asfalto.

Pinchando un limón tendríamos lo mismo. Hemos dejado a un lado todas las teorías que defienden que eran objetos fuera de nuestra época o, incluso, de otro mundo (como los ‘astronautas antiguos‘), ya que se parecen más a las ideas de que las pirámides de Egipto fueron construidas por extraterrestres que a algo más realista. Pero lo que está claro es que, con esos componentes metálicos y la electrólisis, perfectamente podían generar electricidad. 

Sin embargo, es igual que cuando se utiliza una patata como batería o cuando se conectan 2.106 mitades de limones para generar una potencia de 1.275 voltios. Hay que seguir investigando la batería de Bagdad, pero la lástima es que, durante la Invasión de Irak desaparecieron. El Museo Nacional de Bagdad fue saqueado y hay quien afirma que fueron robadas, pero también quien defiende que se pusieron a salvo por operarios del propio museo.

Lo que es evidente es que, se usara para lo que se usara, es uno de esos mitos de la antigüedad que siempre resultan de gran curiosidad.

Imagen | Bing Image Creator

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El misterio de la Pila de Bagdad: la vasija de hace 2.000 años que funcionaba como batería y cuyo origen desconocemos

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Xataka

por
Alejandro Alcolea

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