“Franco ni era tonto ni se mantuvo en el poder solo por la violencia y la represión”

Redacción

Capítulos con títulos como ‘Ha nacido una estrella’ o ‘Juego de tronos’ y voluntad divulgadora. ¿Pensaba en los jóvenes que creen que Franco no era un dictador? 

Pensé más en los profesores de secundaria, que nos transmiten que entre los jóvenes está de moda ser de extrema derecha y decir que Franco era estupendo. Hay una parte de querer hacer rabiar a la generación anterior pero otra es desconocimiento. Dicen que con Franco el Ejército era mucho más respetado. No es verdad: los salarios eran malos, la capacitación técnica era mala, era incapaz de asegurar la defensa nacional… Quiero deshacer unas ideas que van asentándose y que son mayoritarias en redes sociales, como que Franco creó la Seguridad Social. No. Ya existía antes y se llamaba Instituto Nacional de Previsión. Lo que el régimen llama Seguridad Social tiene muy poco que ver con lo que tú entiendes por Seguridad Social, que se universalizó en democracia con Ernest Lluch. No me importaría que los jóvenes vieran el franquismo como la Prehistoria si fuera para decir ‘pasamos página y miramos hacia el futuro’. Pero el problema es que se impone una mirada provocadora muy negativa para la convivencia democrática.

Da clases en Francia. ¿Cómo se ve desde allí el auge fascista? 

Demuestra que España no es diferente. Hay una oleada global de extrema derecha y en España no salimos tan mal parados porque no los tenemos en el Gobierno aunque haya un partido que ha ocupado un espacio de forma rápida y súbita. En Francia hace mucho que el Frente Nacional está en un proceso ya no de normalización sino de llegada al poder. Y tiene gestos provocadores como el de Marine Le Pen, que ha ido al homenaje a la resistencia comunista contra los nazis con la entrada en el Panteón del armenio Manouchian y del republicano español Celestino Alfonso, pese a la oposición de las familias de quienes fueron fusilados por los que crearon sus ideas fundacionales. Aquí hay nostálgicos de la dictadura que dicen que la Barcelona de los 70 era maravillosa y había más libertad que hoy. Tenías libertad siempre y cuando te mantuvieras al margen de las decisiones políticas, si tu orientación sexual era la considerada adecuada, si no vivías en pecado o no eras madre soltera… Y no habrías podido decir que no había libertad.

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El libro ‘Ni una, ni grande, ni libre’, de Nicolás Sesma.
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Franco murió, pero la violencia del régimen se alargó más allá de 1975.

Por eso llevo el final de la dictadura hasta 1977, con la supresión del partido único. El franquismo pudo cambiar de discurso, de objetivos, incluso estuvo a punto de romper con el Vaticano, su religión, pero lo único que no cambió es el sistema de partido único. El único permitido fue Falange Española luego llamada Movimiento Nacional.

La resistencia tenía rostro de mujer, escribe. 

Las mujeres de la oposición estaban muy presentes. María Telo, Clara Campoamor, Victoria Kent… Una se matriculó en varias carreras seguidas para seguir haciendo activismo desde la universidad. En la inmediata posguerra la resistencia la llevan las mujeres, sobre todo la extraordinaria Matilde Landa, formada en la Insitución Libre de Enseñanza, a la que le entregan toda la gestión del Partido Comunista (PC) en la clandestinidad, una patata caliente por el riesgo que implicaba; cayó pronto por una delación y en la cárcel ayudó a otras presas a presentar recursos contra penas de muerte. Por eso el régimen la traslada constantemente hasta que en la prisión de Mallorca le dicen: ‘o te conviertes al cristianismo y te bautizas públicamente y así vendemos que hemos conseguido la redención de una roja laica republicana o te prohibiremos seguir ayudando a las reclusas’. Y el día del bautizo se suicidó lanzándose al patio de la cárcel.

“Hubo mucha oposición a la dictadura, y fue constante, pero no tuvo ninguna ayuda exterior”

¿Y el papel de las mujeres de presos?

Iban con su paquete de comida para el marido, el hermano o el padre preso, viajando tras ellos con cada traslado de cárcel. Pero también son mujeres las que se ocupan de las reclusas. Muchas con hombres en la prisión de Burgos empezaron a trabajar en el servicio doméstico. La propaganda las llamaba ‘rojas peligrosas’ pero la gente vio que eran amables, educadas, trabajadoras… y empatizó con ellas. Cambiaron la mentalidad de muchos.

Pertenece a una generación nueva de historiadores. ¿Qué aporta al trabajo de figuras como Paul Preston, Ángel Viñas, Gonzalo Pontón…? 

Lo afronté como la continuación natural del trabajo de estos grandes nombres, también de Julián Casanova, Santos Juliá, Carmen Molinero… Trazaron las grandes líneas de la dictadura. La generación siguiente, donde estamos Mercedes Yusta, Javier Rodrigo…, que somos un poco sus herederos, incorporamos otras visiones, como la de género, la historia social… Luego viene otra generación aún más interesante porque piensan cosas que nosotros no hemos pensado. En los congresos hay investigaciones nuevas sobre la prostitución, suicidio, minorías sexuales…

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No opina, como se ha dicho, que Franco era poco hábil políticamente, inculto, mediocre…  

Caricaturar a Franco a quien más favor hace es al antifranquismo. Si somos tan listos y Franco era muy tonto, ¿cómo es que estuvo tanto tiempo en el poder? Franco sabe aprender del pasado cercano, de la dictadura de Primo de Rivera, que es un ensayo de lo que él hizo después, y tiene mucha capacidad de reacción y para leer las situaciones que le vienen. Es hábil escuchando a la gente que le da un buen diagnóstico. Se deja aconsejar en el cambio de la política económica o por Carrero Blanco en la inmediata posguerra mundial, al inicio de la Guerra Fría, cuando le dice, ‘orden, unidad y aguantar’: ‘orden interno, unidad para que no nos salga una alternativa de poder y aguantar porque el tiempo corre a nuestro favor’. También cuando Franco dice que hay que aplastar la reunión de opositores en Múnich entre monárquicos de derecha y la izquierda; Fraga le dice ‘calma, es mejor una campaña de desprestigio en la prensa internacional o quitarles el pasaporte que reprimirlos porque será mal visto fuera’. Sin los consejos de su clase política no se habría mantenido tanto en el poder. Es un error pensar que dura tanto solo por la violencia y la represión.

¿Y la fuerza de la oposición?

Ser antifranquista es muy meritorio. Hitler y Mussolini conquistan el poder de forma relativamente sencilla, son designados por el jefe del Estado y destruyen la democracia desde dentro. En cambio, Franco necesita una Guerra Civil durante la que extermina todos los focos de rebeldía y depura todos los cuadros de partidos y sindicatos, y otros van al exilio. Y aún así hay mucha resistencia. El franquismo necesita un goteo constante de torturas y penas de muerte para mantenerse en el poder. Y si no usa la ‘violencia irregular’: enviando a unos cachorros de las juventudes o a dos veteranos de la División Azul a dar unas hostias a un profesor de la universidad que dice cosas que no debe. Hubo mucha oposición y fue constante, pero no tuvo ninguna ayuda exterior.

Franco y Serrano Suñer estaban deseando entrar en la Segunda Guerra Mundial. Se le ofrecieron varias veces, pero Hitler dijo ‘ya veremos’

¿Habla del papel de Estados Unidos?

EEUU siempre actúa según sus propios intereses y la dictadura franquista para ellos es estupenda porque le da lo que necesita en un contexto de Guerra Fría: un régimen anticomunista y ‘bussines friendly’, que procura un marco empresarial adecuado, sin huelga, sin libertad de sindicación para sus inversiones. A partir de 1953, el principal interés de EEUU son las bases. Un documento de Nixon dice: “No queremos saber nada con gente que no está dispuesta a trabajar con dictaduras”. EEUU siempre cae de pie. Mientras da la mano derecha al dictador, con la izquierda acoge a un profesor represaliado o promociona a posibles futuros líderes como Tarancón, Felipe González o el general Manuel Díez-Alegría. Financia a la dictadura pero se porta bien con la oposición, así se asegura el futuro. Es un ‘win-win’.

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El historiador Nicolás Sesma, en Barcelona.
Jordi Otix
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¿Qué hay de la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial?

Franco y Serrano Suñer están deseando entrar en la guerra y hacen todo lo posible por conseguirlo. Se ofrecen varias veces a Hitler, que los rechaza con un ‘ya veremos’, porque lo que le interesa es poderío naval, y España no lo tiene. Al revés de Hitler y Mussolini, Franco es militar de carrera y sabe qué significa entrar en guerra porque tiene tres años de experiencia. Cuando ataca la Unión Soviética, envía a la División Azul pero al poco Estados Unidos entra en la guerra y a Italia le va muy mal. Y Franco, que en 1942 ya no ve tan claro que vayan a ganar ya no tiene voluntad de entrar y piensa ‘de la que me he librao’.

¿Conocían las masacres nazis cuando enviaron a la División Azul?  

La población alemana también decía que no sabía lo que pasaba aunque le cayera encima la ceniza de los crematorios. Pretender que los servicios diplomáticos españoles no sabían lo que pasaba implicaría su incompetencia, y no eran incompetentes. Diplomáticos de los consulados en Viena y Budapest salvaron a judíos por iniciativa propia extendiéndoles pasaportes como sefardís. Dos cónsules fueron cesados por ello. Pero en 1942, Franco ve que puede irle bien si ganan los aliados y él pasa como salvador de judíos. Y aunque la División Azul no participó directamente en las masacres no tiene sentido pretender que no supieran de las represalias contra civiles. Y lucharon bajo la ordenanza del Ejército alemán, que tenía orden de ejecutar en el acto a los comisarios comunistas detenidos.

Franco se atribuyó el resurgimiento de la economía. ¿Qué hay de cierto?  

La política desarrollista va en la línea de la de Europa Occidental en un momento de mucha expansión económica y muchas de las medidas son asesoradas desde el exterior. Los planes de desarrollo están copiados de los de la Francia de los ‘30 años gloriosos’. Y en los ministerios españoles había economistas muy preparados que decían que había que liberalizar y cambiar la política económica. Además, España era un paraíso para invertir para empresas británicas o francesas, como Renault y Citroen, porque tenía una legislación laboral favorable, sin huelgas ni libertad laboral ni leyes medioambientales.

¿Por qué nunca se ha juzgado crímenes de la dictadura?  

El momento para juzgarlos habría sido 1945, al hilo de los procesos de desnazificación y depuración. Las leyes de memoria histórica y memoria democrática son buenas. Pero ahora en Aragón [el gobierno de PP y Vox] han abolido la ley de memoria, que era modélica, equilibrada y sensata, y reconocía también a las víctimas de la represión revolucionaria.

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