A la madre de Navalni

Cultura

Señora, no hay consuelo cuando se pierde a un hijo. Pero no puedo ni imaginar la tragedia que debe de suponer asistir a cómo asesinan a tu propio hijo a cámara lenta. La he visto en la puerta de esa horrible prisión del Círculo Polar Ártico exigiendo que le devolvieran el cadáver y se me caía la cara de vergüenza.

Cuando escuché la noticia de su muerte, se me agarrotó el corazón. Y mira que se veía venir… Pero la vida sigue, y tenía que darle un biberón a mi nieta de cuatro meses. Pensé que cuando sea mayor, si vivo, le explicaré, si soy capaz, que su hijo fue un valiente al que envenenaron y mataron de frío y calamidades sólo por el hecho de defender un punto de vista diferente del de ese monstruo y sinvergüenza de Putin, que les gobierna a ustedes y al que van a volver a votar. Ustedes, que son un gran país, la Madre Rusia, el más extenso del planeta y que llevan siglos haciendo cosas que generan tanto sufrimiento que los vulgares mortales como yo no alcanzamos a comprender.

Las condenas no sirven de nada cuando sabes que los destinatarios no se dan por enterados; así que sólo puedo compartir su impotencia y llorar unas lágrimas indignadas. Le parecerá una estupidez pero no sabe cuánto detesto el frío, pasé mucho trabajando en mi juventud. Y a menudo pensaba el que debía de sufrir su pobre hijo en esa cárcel a no sé cuántos grados bajo cero, sabiendo que lo tenían allí a idea para rematarlo tras superar el envenenamiento. Tanta maldad me supera y no sé cómo digerirla ni combatirla. Me gustaría ayudarle, darle consuelo pero no sé cómo. Y eso mismo les pasa a millones de personas decentes que siendo la mayoría en este planeta llamado Tierra, nunca se nos escucha.

Estoy rallando queso para una lasaña que cenarán mis otros nietos y no quiero mirar las noticias por si la vuelvo a ver a usted tan digna, en la puerta de esa cárcel Polar, reclamando el cuerpo de su hijo porque si no, no dormiré en toda la noche. Así de pequeña me siento ante semejante tragedia. ¡Malditos bastardos! Tarantino se quedó muy corto en su famosa película. Los dictadores nunca tienen límites. Y nosotros seguimos sin aprenderlo.

Fuente: 20 minutos