Ruido sí, resultados veremos

Cultura

Es un hecho frecuente tratar las elecciones en Estados Unidos como si de una especie de elecciones planetarias se tratase. De hecho, se dice de forma un tanto cínica que son unas elecciones mundiales en las que solo votan algunos estadounidenses. Lo cierto es que la trascendencia del resultado hace que, indirectamente, afecte al conjunto de las relaciones internacionales condicionando la (in)estabilidad y las alianzas presentes y futuras.

También es frecuente sobreactuar mediante el ‘ruido’ en las campañas electorales previas a los comicios de tal forma que, mediante declaraciones altisonantes, se marquen una serie de líneas de actuación que probablemente sea imposible llevar a cabo pero que, no obstante, sirven para enervar a un electorado ávido de sensaciones fuertes y de perfiles carismáticos, aunque solo lo sean en apariencia. Para muestra, un botón, el principal paquete de ayuda a Israel y Ucrania ha sido rechazado en dos ocasiones -y por motivos opuestos- en el Senado de los Estados Unidos, transmitiendo una sensación de desinterés creciente por parte de la clase política americana.

En relación con lo anterior, algunos cambios recientes en la cúpula militar de Ucrania (Valery Zalhzuyi ha sido destituido y se ha nombrado en su lugar a Oleksandr Syrskyi) apuntan igualmente a un cambio de orientación en el liderazgo y la dirección de la guerra, intentando disponer de un plan de contingencia en caso de que esa falta de apoyo se prolongue en el tiempo.

Lo cierto es que en la actual campaña, en la que se perfilarán los dos candidatos de entre los que saldrá el próximo presidente de los Estados Unidos, las palabras gruesas están haciendo su aparición y las amenazas, directas o veladas, también. En una muy reciente intervención en Carolina del Sur el candidato Trump amenazó con animar a Rusia a atacar a cualquier país europeo que no cumpla con sus obligaciones de gasto en defensa añadiendo que, por su parte, no hay ninguna intención de defender a esos países en el caso de agresión de un tercero. Como era de esperar, le faltó tiempo al secretario general de la OTAN para censurar esas declaraciones señalando que debilitaban la cohesión de la Alianza y daban alas al expansionismo imperialista ruso.

Lo que de verdadero haya en las declaraciones de Trump, su ‘ruido’, está por ver, sin embargo, el efecto que han producido sí que es evidente y no sólo en el seno de la OTAN. Tengo pocas dudas acerca de los cálculos que se están formulando tanto en Ucrania como en Israel, los países árabes, Irán y por supuesto la Autoridad Palestina y los movimientos terroristas de la zona acerca de las posibles consecuencias de una nueva presidencia de Trump para con sus intereses y expectativas.

En este caso, aunque no haya que vincularse estrictamente a los precedentes, existen suficientes indicios para saber qué posibles líneas de acción se van a desarrollar: por parte de quien fue el facilitador principal de los pactos de Abraham, de las amenazas a países OTAN, de la ruptura del acuerdo con Irán para el control de la producción de uranio enriquecido con fines militares, de la amenaza de repliegue de las fuerzas desplegadas en Iraq y Siria, la guerra comercial con China, etc.

Sin saber exactamente qué puede esperarse si gana Trump, sí que se puede adelantar que será algo parecido a lo ocurrido cuando George W. Bush sucedió a Clinton, en que la consigna en la Casa Blanca fue ABC -Anything But Clinton- algo así como “cualquier cosa menos Clinton”, dando a entender que en nada se podía ni debía parecer el nuevo mandato al anterior.

Con el nuevo periodo que se avecina -gane o no Trump-, la inestabilidad y la incertidumbre tienen muchas probabilidades de incrementarse en los distintos escenarios actuales de conflicto y en los potenciales que puedan abrirse en la cuenca Asia Pacífico e Indo Pacífico. Y ello es así porque no se está logrando mitigar la percepción de crisis mundial de gobernanza al no existir una autoridad con voluntad y capacidad para aproximar posturas e imponer soluciones llegado el caso.

En la escena internacional se impone el cortoplacismo, por una parte, y la búsqueda de soluciones imposibles, por otra. El hecho de intentar imponer en este momento una solución de dos estados en el conflicto entre Israel y el movimiento terrorista Hamás, en el que la Autoridad Palestina ni siquiera es actor reconocido, es un ejercicio de voluntarismo que puede llevar a la frustración. Recomiendo vivamente la lectura de Shlomo Ben Ami Profetas sin honor. El autor explica de forma brillante -diseccionando las causas- los repetidos fracasos de todos los intentos por conseguir una paz estable y duradera entre el estado de Israel y los palestinos. Un ejercicio de realismo es hoy más necesario que nunca, sin que ello signifique sucumbir al sentimiento trágico de esa realidad.

Fuente: 20 minutos