Avalancha de turistas a un pueblo de Burgos al hacerse viral que su Iglesia es como Petra: “No damos abasto”

Redacción

Son las 11.40 de un viernes cualquiera y un matrimonio de jubilados deambula por los alrededores de la iglesia parroquial de Santa María de Gumiel de Izánun pequeño pueblo de Burgos al pie de Aranda de Duero (579 habitantes, según el INE). “Vinimos de Madrid a echar el día; habíamos visto que alguien ponía en Instagram que se parecía a Petra, y la verdad es que se da un aire. Nosotros hemos estado allí y sorprende encontrarte con una fachada parecida”, confiesan Carmen y Fernando, que han llamado varias veces al teléfono escrito en una hoja de la puerta de la impresionante iglesia para ver si alguien les abría y podían verla por dentro.

El teléfono, con la oficina de turismo cerrada -suele abrir en verano-, es el de la casa del párroco, Pedro Juanes, que estas últimas semanas suena más que el de la administración de doña Manolita. “Ya venía gente antes, pero ahora mucha más”, admite el párroco, que llega en un turismo con las preciadas llaves de la iglesia y que se conoce al dedillo cada recoveco del recinto

“Es una locura, no damos abasto con tanto turista”, explica el alcalde, Jesús Briones, que sitúa el inicio del fervor turístico unas semanas antes del Puente del Pilar, cuando la revista National Geographic apuntó la similitud de la iglesia con el llamado ‘tesoro de Petra’. “A raíz de la noticia ha sido una avalancha de gente. Empezamos a salir en algún periódico y en internet, que si la Petra, la Petra, la Petra… En el propio puente del Pilar no sé si llegamos a contar 300 o 350 personas diarias. ¡El fin de semana pasado vino una excursión en autobús con más de 80!”, revela el alcalde.

Horario

“Es un goteo incesante. Estamos pensando en poner un horario, porque si no te tiras aquí toda la mañana o toda la tarde”, explica Briones, que junto al párroco y seis “voluntarios” más ha montado un grupo que se encarga de abrir la iglesia y enseñarla. Por el amor al arte. 

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El retablo principal de la iglesia.
Alba Vigaray
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La iglesia, alzada sobre una imperial escalinata, tiene una preciosa y enorme portada barroca de piedra caliza de tres cuerpos -es visible desde varias partes del pueblo-, construida entre finales del siglo XV y principios del XVI. Los laterales disponen columnas corintias y hornacinas, como las del tesoro navateo. Según las fuerzas vivas del pueblo, a los turistas les gusta incluso más por dentro que por fuera. “La fachada es impresionante, y es verdad que se da un aire a Petra, pero es que por dentro es más bonita aún, cuando la ve la gente se queda alucinada”, afirma el alcalde.

Columnas

El matrimonio, que no es el único que ha estado en Perta antes de venir aquí -“vienen mucho así por la curiosidad”-, asegura que hay similitudes con el tesoro jordano, sobre todo por el color amarillento de la piedra. “Tiene que ver también con el orden clásico de columnas y capiteles”, aprecia Fernando, amante del arte que se recorre junto a su mujer cuando puede iglesias y monasterios de toda España. 

El párroco apunta al fulgurante éxito de Santa María a que se ha hecho viral. “La gente se ha ido pasando lo de la iglesia y ha corrido como la pólvora”, asegura el cura, que explica que el templo se contempló tan monumental en su día –la obra no se terminó como lo planeado por falta de fondos– porque había un monasterio muy importante en la zona, el de San Pedro, algunos de cuyos preciosos capiteles se guardan en el interior del templo [varios de ellos, con bellas geometrías, datan del siglo XII].

 La iglesia tuvo desde hace siglos un papel primordial en la comarca. En la Baja Edad Media, Gumiel estuvo bajo la tutela de la familia de los Mendoza, como señorío ostentado por los Girón, condes de Ureña, y perteneció a la diócesis de Osma. Los escudos de todos ellos están en algunos de los muros del templo, señala Juanes durante una visita al interior del recinto, donde hay enterrados también numerosos nobles de la zona.

Museo parroquial

Por dentro, la iglesia, de estilo gótico y cubierta de crucería, es particularmente bonita, con un retablo del siglo XVI, dedicado a la Asunción de la virgen, que no tiene nada que envidiar al de la Cartuja de Sevilla. El interior guarda un notable Museo parroquial con varios tesoros, entre ellos un Bibla de 1559, y pinturas y tallas desde el siglo XIV de alto valor artístico. Tanto, que en 1975, el ladrón ‘Eric el Belga’ entró al templo con sus compinches serrando parte de la puerta de madera lateral y se llevó varios cuadros flamencos. Ahora la puerta, que mantiene una enorme cicatriz testigo del asalto, está blindada con chapa y hierro para evitar otro robo.

“Algunos cuadros se recuperaron, otros no”, apunta el párroco. “Aquí hasta las telarañas tienen más de cien años”, presume irónico el padre, que apunta que hasta la segunda mitad del siglo pasado no se tuvo en cuenta el patrimonio artísitico del interior, muy bien glosado por Pedro Ontoria Oquillas, profesor de Historia en la Universidad de la Laguna, en la página web Gomelia. “Las guías de viaje hablaban de una fachada bonita, pero que no tenía valor”, reprocha Juanes, que lleva hasta ocho parroquias en la zona, además de ser el capellán del hospital de Aranda. 

Cobrar entrada

Lo que ocurre ahora en la iglesia Santa María tiene algo de justicia poética, y dado el interés, en el pueblo se plantea establecer un horario de apertura concreto y tal vez cobrar una cantidad mínima por la entrada. “Serviría para hacer arreglos y limpiar la fachada. Hay que poner un horario porque si no el puente de la Constitución va a ser una locura”, apunta el alcalde, que también dice medio en broma medio en serio que necesitan 100.000 euros para arreglar el viejo órgano, del siglo XVIII: “Por si lo puedes poner en el periódico”. 

Las visitas a la iglesia también han favorecido a negocios del puebl, que tiene varias bellas casas con el tradicional estilo de poste y carrera -barro y madera- parecido al de las viviendas de La Alberca (Salamanca). En la Panadería aseguran que lo han notado “muchísimo”. “Cuando hace bueno viene muchísima más gente. Sobre todo vendo cosas de aquí, como la torta de Aranda o pastas típicas. Entre semana también noto más actividad”, cuenta Lola con la sonrisa de oreja a oreja. “Desde que se ha puesto de moda, sobre todo se nota el fin de semana. Nosotros no damos comidas, pero algún café, algún vermú o algún pinchito sí servimos. No es mucho, pero todo suma”, cuenta Basilio, que regenta el bar Palacio, cercano a la iglesia.

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