Población argentina: ¿somos pocos o estamos mal distribuidos?

Población argentina: ¿somos pocos o estamos mal distribuidos?
Hinchas argentinos se aprestan a darle la bienvenida a la selección después de lograr el Mundial. (Foto AP/Gustavo Garello) (Gustavo Garello/)

Toda la población mundial cabe en la Argentina. El enunciado suena exagerado, pero con la ingeniería necesaria, elevando a tope la densidad de algunas provincias despobladas, se podría lograr. De acuerdo al último censo, 46.044.703 personas viven en el país, en el octavo territorio más grande del mundo. La inquietud se presenta con frecuencia: ¿somos pocos? O, más bien, ¿estamos mal distribuidos?

El científico de datos Alejandro Gregori se propuso en 2017 un ejercicio con fines teóricos. Se preguntó si cabría toda la población mundial, por entonces 7.130.000.000 personas, en la Argentina. De ser así, indagó cómo se podrían ubicar en el territorio nacional.

Para ello, calculó la densidad poblacional de cada distrito del país. La densidad refleja la cantidad de habitantes que hay en determinado espacio, en general se toma 1km² de referencia. En la Argentina hay una disparidad evidente. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires viven 14.450 personas por km², en Santa Cruz tan solo vive una persona por km².

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Según los cálculos de Datos Argentinos, la mitad de los argentinos vive en un radio de 400 kilómetros, tomando como centro la Plaza Moreno frente al Congreso de la Nación. La Ciudad de Buenos Aires, el conurbano bonaerense y las provincias aledañas aglutinan más de 20 millones de argentinos. El sitio de mayor densidad poblacional, donde viven 2.764 personas en un área de 3.385 m², se encuentra en Tapiales, localidad del partido de La Matanza.

Hoy el mundo lo habitan poco más de 8 mil millones de personas. No obstante, según el ejercicio que hizo Gregori, si se decidiera replicar la enorme densidad poblacional de CABA, se podrían ubicar a todos los habitantes del planeta dentro de Río Negro, Chubut y Neuquén. Claro que para ello, esas provincias deberían convertirse en grandes centros urbanos plagados de edificios altos.

Entonces, ¿tan pocos somos?

Con los resultados del último censo, la pregunta respecto de si somos pocos se volvió recurrente en el debate público. Para muchos, era esperable un crecimiento mayor de la población desde el anterior registro en 2010.

“A veces se señala que la población es demasiado alta y otras, que es demasiado baja. Sin embargo, no existe una relación unívoca entre nivel de población y desarrollo, ni creemos que exista un número deseable de acuerdo al territorio”, señaló Juan Camisassa, coordinador de Protección Social de CIPPEC, en diálogo con Infobae.

Para Camisassa lo que realmente importa son las tendencias demográficas que se presentan. Por ejemplo: en los próximos años, el número de niños en edad escolar será un 33% menor al de un lustro atrás. Otro ejemplo puede pensarse para las discusiones previsionales. En 2020, el número de personas mayores de 65 años era equivalente a un 18% de la población en edad de trabajar. Mientras que dentro de 35 años este porcentaje se duplicará: habrá 36 mayores de 65 años por cada 100 habitantes en edad activa.

A su vez, entre 2014 y 2021, la tasa global de fecundidad bajó un 34%, el descenso más pronunciado desde que existen registros en Argentina, y la tendencia a la baja fue aún más acelerada en niñas y adolescentes (-59%). “Las oportunidades que genera la reducción en la fecundidad no sólo refieren a la situación individual de miles de mujeres, también son relevantes en términos macroeconómicos y de oportunidades de desarrollo. En la actualidad, el país se encuentra atravesando una etapa conocida como ‘bono demográfico’, caracterizada por una elevada proporción de personas en edad de trabajar con respecto a quienes se encuentran en edades dependientes (niños, niñas y personas mayores)”, explicó.

Los especialistas coinciden en la mirada sobre la supuesta escasez de población. Al respecto, Nicolás Sacco, profesor de Sociología y Demografía en la Universidad Estatal de Pensilvania, Estados Unidos, indicó: “No hay un número deseable de personas de acuerdo con un territorio. Si bien Argentina es un país extenso, con un territorio vasto, y tiene una densidad de población relativamente baja en comparación con otros países, esto no necesariamente significa que la población sea escasa en términos absolutos. Si la población es adecuada o no (de acuerdo con su tamaño) depende de la distribución de la población dentro del país y de la capacidad del gobierno para proporcionar derechos, servicios y oportunidades a todos los que habitan su territorio, sean o no ciudadanos”.

Por su parte, Rafael Rofman, demógrafo y economista, advirtió: “Hay países muy poblados ricos, países muy poblados pobres y, por supuesto, países con poca población ricos y pobres. La población es un dato, no una variable, y la estrategia de desarrollo se debe adaptar a ese dato. Argentina es un país de relativa baja densidad, fundamentalmente porque su historia económica y social así lo determinó, y ninguno de nuestros serios problemas económicos y sociales se solucionarían con más (o menos) población”.

Un poco de historia demográfica

Camisassa hizo un repaso breve por la historia demográfica argentina. Según su mirada, hay que mirar tres variables clave para comprender la composición actual de la población: cuánto viven las personas (esperanza de vida), cuántos hijos tienen (fecundidad) y cuántas personas entran y salen (migraciones).

Desde fines del siglo XIX hasta hoy, la esperanza de vida al nacer mostró una tendencia ascendente, con niveles cercanos a la de los países desarrollados. Este indicador pasó de 33 años de edad en 1883 a casi los 60 años en 1950 y a más de 73 años a partir de los 2000, alcanzando un nivel superior a los 77 años en 2019. “El descenso de los niveles de mortalidad en Argentina se vincula con la temprana modernización de su sociedad (a diferencia de los demás países de la región), sus altos niveles de urbanización y la expansión de la educación formal”, explicó.

La fecundidad, en tanto, muestra una trayectoria muy particular. La tendencia descendente desde fines del siglo XIX se estancó desde mediados del siglo XX, y sólo se reinició, aunque con poca intensidad, en la década del 90. En 1950, entre 49 países de América Latina y el Caribe, Argentina (con 3,15 hijos por mujer) era el segundo país con más baja tasa de fecundidad (detrás de Uruguay) mientras que en 2015 se ubicaba por detrás de 33 países de la región. Desde 1950 hasta 1990, la fecundidad se mantuvo estable en un nivel de alrededor de tres hijos por mujer. De hecho, el país tuvo un pequeño “baby boom” en la segunda mitad de la década de los 70, a contramano de lo que sucedía en el resto del mundo.

La fecundidad, en especial de niñas y adolescentes, cayó abruptamente en los últimos años (Foto : Cuartoscuro/Fernando Carranza García)
La fecundidad, en especial de niñas y adolescentes, cayó abruptamente en los últimos años (Foto : Cuartoscuro/Fernando Carranza García) (Fernando Carranza Garcia./)

A partir de los 90, la tasa de fecundidad retomó su descenso, aunque a un ritmo suave, lo que llevó a que en la primera década de los 2000 el país tenga una tasa de fecundidad mayor que el promedio de Latinoamérica (2,37 hijos vs. 2,26 de promedio). La dinámica cambió en forma abrupta a partir del 2014: la tasa global de fecundidad bajó un 34% y el descenso, afortunadamente, fue aún más pronunciado en el rango adolescente (59%).

Por último, en lo que respecta a migraciones, desde mediados del siglo XIX Argentina es uno de los principales receptores de la región. “Si bien en la evolución histórica se registra una caída en la participación de la población nacida en el extranjero respecto al total de la población censada, hoy Argentina cuenta con más de 3 millones de personas migrantes, erigiéndose como un país receptor y atrayente de población”, consideró Camisassa.

Alta concentración poblacional

La densidad de la Ciudad de Buenos Aires -14.450 personas por km²- es elevadísima incluso para países con grandes ciudades capitales. Si bien la distribución de la población no es homogénea ni pareja en ningún país, según Rofman, hay concentraciones más “ventajosas”. Por clima, por ejemplo, como en Canadá, por el acceso al comercio en las costas este y oeste de Estados Unidos o por calidad de la tierra y acceso a los puertos como sucede en Argentina y Uruguay.

“En Argentina la concentración es alta porque el modelo de desarrollo agropecuario con baja intensidad en la producción agraria y exportación llevó a que los puertos -primero Buenos Aires, luego también Rosario- se conviertan en los principales polos de desarrollo”, explicó el experto.

No hay que olvidar, claro, que Argentina tiene regiones geográficas que pueden ser resultar inhóspitas por su clima y topografía. Una buena parte del territorio se compone de regiones semiáridas o desérticas, por lo que no se puede pretender que en esas áreas haya grandes concentraciones de habitantes.

“La población de la ciudad capital, Buenos Aires, históricamente consiguió -a veces hasta por la fuerza- la concentración económica y del poder político que impidió, paralizó, o no promovió el desarrollo persistente de otras regiones del país y su crecimiento poblacional”, advirtió Sacco.

Por su parte, Nicolás Ferme, coordinador de Ciudades de CIPPEC, cree que el aglutinamiento de gente en grandes centros urbanos es un fenómeno recurrente en buena parte de Latinoamérica. Santiago en Chile y Bogotá en Colombia son ejemplos de ello. La primacía de estas ciudades está ligada a los procesos de desarrollo económico e industrialización desde la década de 1950 en adelante. De hecho, la Ciudad de Buenos Aires, Santiago y Bogotá concentran entre un quinto y dos quintos del total del producto bruto interno nacional.

El crecimiento exponencial de esas ciudades se debe también a fuertes procesos migratorios internos, así como internacionales, atraídos por las oportunidades laborales y bienestar. No obstante, precisó Ferme, el ritmo de crecimiento se ralentizó a raíz de cambios en la matriz productiva. Desde entonces, emergieron ciudades “intermedias” como motores del progreso nacional, en las que residen un tercio de los habitantes urbanos de la región. Estas urbes, cuyas poblaciones van desde 100 mil hasta el millón de habitantes, concentran casi el 17% del PBI.

Ciudades emergentes

Por su proximidad con Vaca Muerto, Añelo, Neuquén, fue una de las ciudades que más creció en población REUTERS/Martin Cossarini
Por su proximidad con Vaca Muerto, Añelo, Neuquén, fue una de las ciudades que más creció en población REUTERS/Martin Cossarini (STRINGER/)

A pesar de su alta concentración, el AMBA muestra menor crecimiento que otras regiones del país y los expertos creen que es esperable que la tendencia se profundice.

“Para Argentina, el ritmo de crecimiento de las ciudades emergentes e intermedias se vislumbra fuertemente en los últimos datos censales. Estos crecimientos siguen estando asociados a elementos vinculados a la atracción económica o la búsqueda de mejores condiciones de vida”, explicó Ferme.

Para tomar algunos ejemplos, agregó, San Vicente y General Rodríguez, también dentro del Gran Buenos Aires, son de las ciudades que más crecieron entre los últimos dos censos, con un 66 y 64 por ciento respectivamente. Los motivos radican en el crecimiento de los barrios privados y la desconcentración de actividades industriales.

Por su parte, Añelo, en Neuquén, reporta un crecimiento del 66% entre censo y censo. Ese avance, no caben dudas, está signado por su proximidad con los yacimientos de Vaca Muerta.

Para Rofman, urge destrabar las ventajas competitivas de las economías regionales y para ello se necesita desarmar los aparatos clientelísticos estatales y reemplazarlos por modelos productivos. En casi todas las provincias hay ventajas importantes, cree, pero se pierden oportunidades por malas políticas macroeconómicas y proteccionismo, lo que deriva, por ejemplo, en altísimos costos de logística.

“Ha seguido habiendo migraciones hacia ciudades intermedias y, por supuesto, a lugares que cuentan con un atractivo particular, como Tierra del Fuego, por los beneficios impositivos, o Neuquén, por el petróleo y el gas. Creo que lo esperable es que, con excepciones como estas últimas, los grandes movimientos migratorios van a disminuir aún más, aunque eso no implica que no haya movilidad. De hecho, hay mucha gente que migra dentro del país y fuera de él, pero son movimientos en ambas direcciones y tienden a compensarse”, planteó.

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