China acaba de abrir un nuevo escenario en su “guerra fría” con Estados Unidos: el suelo de la Luna

China acaba de abrir un nuevo escenario en su “guerra fría” con Estados Unidos: el suelo de la Luna

Redacción

Resulta interesante detenerse un momento a pensar en cómo China ha conseguido acortar la distancia que le separa de Estados Unidos en materia de desarrollo espacial. El gigante asiático consiguió enviar una persona al espacio en su propio cohete en 2003, 42 años después de la hazaña del astronauta de la NASA Alan Shepard a bordo del Mercury-Redstone 3 (o Freedom 7).

Para ese entonces, los estadounidenses habían pisado la Luna en seis misiones diferentes de la mano del programa Apolo, tenían sus propias naves espaciales reutilizables y, junto con otros países, participaban activamente de la Estación Espacial Internacional. Pero Pekín, aunque estaba lejos, apuntaba a convertirse en una potencia espacial capaz de rivalizar con Washington.

El desafío de poner pie en la Luna

Con el paso de los años, y en parte gracias a un acuerdo de cooperación con Rusia, China continuó desarrollando su programa espacial tripulado, construyó su propio sistema de lanzamiento, lanzó sondas y rovers a la Luna y Marte, y montó su propia estación espacial en órbita, por mencionar algunos ejemplos. El paso siguiente es poner taikonautas por primera vez en la Luna, muy cerca de la vuelta de Estados Unidos al satélite.

Una importante referencia en la hoja de ruta de la conquista del espacio de China nos llega de la mano de Lin Xiqiang, el subdirector de la Agencia Espacial Tripulada del país asiático. Lin, según recoge Associated Press, ha señalado durante una conferencia de prensa que planean completar el primer alunizaje tripulado antes de 2030, es decir unos cinco años después de Artemis III de la NASA, planificada para 2025.

“Los objetivos generales son realizar el primer aterrizaje tripulado de China en la luna antes de 2030, llevar a cabo la exploración científica y demostraciones de tecnología relacionada en la superficie lunar, desarrollar un sistema de desplazamiento y un sistema de estadía a corto plazo para las tripulaciones, y desarrollar pruebas integradas humano-robot. y otras tecnologías clave”.

El directivo de la Agencia Espacial Tripulada ha dicho que sus taikonautas caminarán sobre la Luna, recolectarán muestras del suelo del lugar del aterrizaje y realizarán algunas investigaciones científicas en la superficie del satélite. El objetivo, señala, tiene que ver con la exploración del espacio profundo, una posibilidad que abrirá la puerta all estudio del origen y la evolución de la Luna y el sistema solar.

Astronautas Chinos Shenzhou 16

Los tres taikonautas de la misión Shenzhou-16 lanzada esta semana a la estación espacial china

Si bien Lin no lo dice, no caben dudas de que la posibilidad de un país de alcanzar nuestro satélite con medios propios se traduce en una importante demostración de fuerza frente a otros países del mundo. Como es sabido, la lucha por la supremacía espacial involucra motivos que van más allá de lo científico y puede presentarse como una ventaja a nivel militar en diferentes escenarios.

Ahora bien, las ambiciones espaciales de China también dejan muchas dudas, sobre todo si tenemos en cuenta los reducidos plazos que ha fijado. No se puede negar que el país ha alcanzado muchos objetivos tangibles, pero no hay demasiados detalles sobre el conjunto elementos espaciales (sistema de lanzamiento, módulo de aterrizaje, etc.) que formarán parte del primer alunizaje chino. Elon Musk, por su parte, ha dicho en Twitter que el programa espacial chino “es mucho más avanzado de lo que la mayoría de la gente cree”.

El sistema Long March 9, que se cree que podría rivalizar con la Starship de SpaceX, podría no estar listo a tiempo. La primera prueba de vuelo se concretaría entre 2030 o 2033, plazos que no coinciden los objetivos planteados por Lin. De momento, toca esperar para saber cómo evolucionarán los proyectos espaciales del país asiático, pues puede que nos llevemos una sorpresa. Estados Unidos, por su parte, está viendo como los costes del Programa Artemis se han disparado 6.000 millones de dólares por encima de lo proyectado.

Imágenes: CNSA | Alexander Andrews | NII

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Javier Marquez

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