Un año de Xavi: más luces que sombras

Redacción

Xavi celebra hoy su primer aniversario como entrenador del Barça. Su debut fue en el Camp Nou, en el derbi ante el Espanyol, y resulta reconfortante recuperar sus palabras tras ganar aquel encuentro por la mínima gracias a un gol de penalti de Memphis.

“Ya jugaremos mejor, tenemos muchas cosas que entender todavía”, avanzó. “A ratos he visto un buen Barça. Creo que no hemos entendido cómo atacar los espacios en el momento correcto. Era un buen día para picar los extremos y jugar con los interiores en segunda línea”, apuntaba sobre su idea de juego. “El umbral es entre 60 y 80 (porcentaje posesión). Más que eso, que está muy bien, quiero que sirva para ser mejores y generar cosas”, discutía sobre ello. Un año después, todo cobra sentido.

Firmes convicciones

Cuando Yuste y Alemany fueron a Doha a pagar al emir de Qatar el rescate (sufragado entonces en gran parte por el propio técnico) para liberar a Xavi, Xavi llevaba ya años trasladando al césped la idea de fútbol que empezó a gestar siendo futbolista, tanto en la cantera como en el primer equipo. Y de ahí no se mueve. De hecho, sus firmes convicciones son, seguramente, el rasgo de su personalidad que mejor le define. Sin su fijación por el fútbol que busca para su equipo, el egarense sería uno más de tantos entrenadores condicionados por el va y viene de los resultados. Mantiene su firmeza contra viento y marea, gane o pierda. Y esa es una virtud intrínseca de los grandes líderes de vestuarios.

Xavi Hernández, entrenador del FC Barcelona

| EFE

Obviamente, nada es posible sin la materia prima adecuada y Xavi, cuando llegó, no contaba con ella para reaccionar a un nivel tan alto como el que manda en Europa. En la Champions, pero también, como se vio, en la Europa League. Necesitaba fichajes y tiempo. De ahí que en enero el club realizara un enorme esfuerzo para contentar al técnico y empezar a construir un proyecto ganador con Xavi ejerciendo un liderazgo que ya tuvo un alto porcentaje de la culpa de que el Barça dejara atrás la depresión provocada por el adiós de Messi y la caída en picado del equipo de Koeman, ninguneado desde el palco y, en consecuencia, también por el vestuario y empezara a soñar en grande. Se ha dicho mucho, pero hay que repetirlo más: llegó noveno en LaLiga y acabó segundo, cumpliendo el encargo que le habían hecho, entrar en la Champions.

La meritocracia

Existían ciertas dudas alrededor de cómo le condicionaría pasar de compañero a jefe con jugadores con los que había compartido títulos, duchas y confidencias. A la hora de la verdad, todo eran sospechas infundadas porque en lo único que se ha basado para tomar decisiones es en el fútbol. De ahí que mirase al futuro avisando a Piqué de sus planes, y que Alba no sea ya indiscutible e, incluso, que Busquets lo siga siendo porque no ve relevo en el equipo para lo que él quiere de esa posición. Ahí está Dembélé, cuyo rendimiento más o menos regular es mérito suyo. O la continuidad en el ascenso de Pedri, Gavi o Araujo.

Xavi ejerce un liderato basado en una idea que lleva al extremo y no se desvía ni un milímetro del plan, que es la mejor manera de lograr la adhesión de quienes le rodean. Esto solo ha hecho que empezar y las luces brillan más que las sombras, aunque también las haya.

Europa, la cruz

Nadie le ha pedido que gane la Champions porque eso solo serviría para aumentar la presión hasta límites contraproducentes. Llegó demasiado justo para culparle de la eliminación la pasada temporada, aunque seguramente no supo trasladar la importancia de pelear la Europa League. Este año volverá a intentarlo, buscando revertir la enorme decepción que supuso caer en la fase de grupos otra vez. Lograr la explosión definitiva de Ansu Fati o trasladar de forma regular al césped todo aquello que pregona ante los micrófonos a nivel estrictamente futbolístico son deberes que están por hacer.  

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