Sánchez acapara la defensa de su gestión y delega en el PSOE el hostigamiento a Feijóo

Sánchez acapara la defensa de su gestión y delega en el PSOE el hostigamiento a Feijóo

Redacción

Pedro Sánchez hará este viernes el tercer gran discurso de defensa de gestión en menos de 20 días. Entretanto, ha renovado las portavocías del PSOE para inyectar vitaminas en la comunicación del partido, en donde ha detectado ineficiencia. El tiempo es una cuenta atrás para él porque le queda el año decisivo de la legislatura y las encuestas no le están siendo demasiado amables. 

Su bastión demoscópico, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se ha agrietado este mes. Los resultados del barómetro de julio le han propinado un par de reveses, el más duro el ascenso del PP al primer lugar en estimación de voto. Los populares de Alberto Núñez Feijóo rebasarían el 30% de las papeletas si se celebraran elecciones ya mismo. A la vez, apuntalan dos tendencias preocupantes: el presidente lleva todo el año moviéndose en niveles de “poca o nula confianza” superiores al 60%. En junio, un 61,3 por ciento de los encuestados contestó así, pero un mes después lo hizo un 69,4. 

En la dirección nacional del Partido Popular, la lectura es cristalina: al Gobierno le lastra la desconfianza en Sánchez. Al líder conservador no le haría falta un despliegue enorme de recursos dialécticos para ganar, ya que ese territorio lo tendría ya casi conquistado, opina una fuente de la formación. Si se moviera mucho, se arriesgaría a ceder terreno, y a Feijóo, como decía a este medio un barón autonómico hace unos días, le gusta caminar siempre sobre suelo seguro y fiable.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. | EP

Destellos de optimismo socialista

Un diputado socialista reconocía esta semana que en Moncloa y en Ferraz, sede del PSOE, se ha detectado esa carencia de desconfianza, aunque no con la intensidad de la que habla Génova. Sánchez está tocado, pero no hundido, y prueba de ello no fue solamente la intervención de más de 80 minutos que efectuó en el inicio del debate del estado de la Nación, el pasado día 12 en el Congreso. Lo fue también la que hizo ante su partido el 23 y lo será la que pronuncie este viernes. Toca hacer balance del curso.

Un curso al que le queda otro (hasta julio de 2023), y al que luego quedarían unos meses, porque el presidente del Gobierno está convencido de que ha de agotar la legislatura y ubicar las elecciones a finales del año que viene o a principios de 2024, si fuera posible. Como el viento ahora sopla en contra, no tiene sentido arriesgarse con tanto descaro a perder el poder. Conviene esperar a que la economía se vaya reordenando a pesar de los buenos datos recientes, como el histórico descenso del paro que ha recogido la última Encuesta de Población Activa (EPA). 

Además, según publica El Periódico de España, se prevé, se da por seguro de hecho, que el otoño será turbulento. La inflación seguirá alta, las tensiones del mercado energético no se suavizarán, el ahorro de las familias tiembla, puede que haya movilizaciones… El cóctel letal para un Gobierno. Sánchez ha decidido construir un escudo social hasta final de año para que el descontento no lo eche. Si le sale bien y la coyuntura muta, quién sabe. 

El barómetro de julio, no obstante, arroja números que invitan a Ferraz y a Moncloa al optimismo. Uno es el porcentaje de ciudadanos que prefieren al líder socialista como presidente, que en julio fue del 22,1%. Aunque Feijóo le pisa los talones, se mantiene primero. Otro es, precisamente, el de la estimación de voto, ya que si bien es cierto que el PP se ha colocado primero, el PSOE sería elegido por un 28,2% de ciudadanos. Los comicios de noviembre de 2019 los ganó con un 28,3. Es decir: el cupo de fieles está aún bastante nutrido.

Humildad y pedagogía

Los discursos que el presidente y secretario general del PSOE efectuó el 12 y el 23 de julio, debate del estado de la Nación y Comité Federal de su partido, respectivamente, muestran una serie de semejanzas, y por tanto, las directrices de la estrategia. Hay incluso frases calcadas, como ésta: “Cuando sea preciso elegir, estaremos del lado de quienes más necesitan el auxilio de los poderes públicos, aunque al hacerlo, evidentemente, incomodemos a los más poderosos”.

O ésta: “Este Gobierno no hará como hicieron los gobiernos del Partido Popular en anteriores crisis, en la crisis financiera, ser débil con los fuertes y fuertes con los débiles”.

Pedro Sánchez y María Jesús Montero. | EFE

La comparativa refleja el eje político en el que Sánchez ha decidido sostenerse. Por un lado, un giro a la izquierda, algo que al arco parlamentario le quedó clarísimo. Para Unidas Podemos, ERC, EH Bildu y Más País fue una magnífica noticia. A pesar de las tensiones con Esquerra, el presidente trazaba el regreso al bloque progresista que, sin ir más lejos, le han granjeado dos presupuestos estatales consecutivos. Las formaciones citadas representan una horquilla que roza la mayoría absoluta. 

Por otro lado, un esfuerzo pedagógico y político por identificar al PP con las elites y con la desigualdad. Esto lo lleva haciendo Sánchez unos cuantos meses, desde otoño del año pasado. Se propuso entonces desmontar una asociación más o menos arraigada: que los populares gestionan mejor las crisis y las tormentas económicas que los socialistas. 

Sin embargo, Sánchez y su equipo comprueban con perplejidad e inquietud que se está imponiendo el relato del PP, lo que, cabe reseñar, un sector destacado de la plana mayor del PSOE atribuye a las disputas incesantes con Unidas Podemos. La ciudadanía estaría cada vez más cansada de las peleas de la coalición, y por tanto, recibiría la aprobación de las medidas con más distancia que cercanía. “La economía va fatal”, sería el mensaje de los populares, porque el “peor Gobierno” no sabe gestionar. 

El presidente ha optado por no arredrarse, fiel a su estilo. Aunque los debates de la nación no atraen a audiencias millonarias, eligió un discurso muy pedagógico, plagado de datos, con la finalidad de ofrecer un “diagnóstico certero y claro” de la realidad. Miren este extracto que empleó para argumentar por qué los precios están como están: “En algo más de cuatro meses, como consecuencia de todas estas perturbaciones (pandemia y guerra de Ucrania), el precio del petróleo se ha incrementado en un 13%, el del gas en un 100%, el del trigo y el del maíz en casi un 45% y el del arroz en un 24%. Y debido al doble impacto de la energía y los alimentos, la inflación española ha pasado del 6% al 10% y la europea al 9%”.

La escalda de precios, en 10 alimentos. |

Otro ingrediente al que ha recurrido para afrontar la tesitura es la humildad y la autocrítica, aunque con cuentagotas: “A pesar de los errores que hayamos cometido (…) y muy por encima de los desajustes que se hayan manifestado en el primer Gobierno de coalición, lo cierto es que hemos cosechado avances indiscutibles”, afirmó el 12 de julio.

Más izquierda, más ecologismo

Sánchez reconoció a la oposición que su gran problema es la inflación y que le encantaría transmitir a los ciudadanos que empezará a bajar a partir de una fecha concreta. Pero no puede. No lo sabe. Todo dependerá de lo que dure la guerra.

El presidente se prodigó en la empatía, palabra que en Moncloa y en el PSOE usan ahora casi siempre. “Cuesta cada vez más llegar a fin de mes”, dijo en el Congreso, minutos antes de que solemnizara: “Quiero hablar claro a la gente y no voy a disimular los riesgos ni tampoco voy a adornar la situación tan compleja que están atravesando Europa y España”.

Enumeró las medidas del segundo decreto anticrisis, avanzó la puesta en marcha de un impuesto a bancos y empresas energéticas para que parte de sus beneficios vayan al erario y enarboló la bandera de los derechos civiles ganados durante este tiempo (eutanasia o Ley Zerolo).

Dibujó con más nitidez el color rojo del logo socialista, ese viraje a la izquierda, e hizo lo mismo diez días después, ante el Comité Federal del PSOE. Convocó a las filas del partido para oficializar los relevos en las portavocías, pero apenas mencionó los cambios. Lo que quería el líder era animar a sus correligionarios y explicarles lo que el Gobierno está impulsando, en especial contra el cambio climático. Furiosos incendios quemaban por entonces una extensión similar a la de la isla de Gran Canaria, tal y como él mismo ilustró.

Defensa y ataque

Sánchez agitó “la respuesta socialdemócrata” como mejor salida a la crisis y dio instrucciones a sus filas: “Os propongo explicar a los españoles cómo hubieran sido las cosas, cómo serían las cosas, si la derecha estuviera al frente del Gobierno en una situación así”.

La madeja de datos y argumentos para defender la gestión, pandemia y guerra mediante, la va a usar él. Aunque sabe que su popularidad está baja, ha decidido asumir el riesgo. Comentan fuentes socialistas que se le verá pronto más en la calle; que no se le verá tanto con traje y corbata al lado de hombres y mujeres que gobiernan países y dirigen empresas.

Pilar Alegría, ministra de Educación y Formación Profesional y nueva portavoz del PSOE, durante la entrevista en la sede del partido | DAVID CASTRO

A la espera de ver cómo se concreta esto, las tareas se han repartido sin tapujos en una receta sabida. El presidente hablará de lo hecho y lo que queda por hacer. El PSOE atacará sin descanso a Feijóo. No tanto al PP, sino a Feijóo. 

Este jueves, el nuevo portavoz parlamentario se preguntó qué “patriotismo” practica el PP. “¿El de la tierra quemada”, ahondó. “¿A quién sirve el Partido Popular”, prosiguió en ese intento de identificar a los populares con las elites, con el 5% de la población que gana mucho dinero. 

Pilar Alegría, en cuanto concluyó el acto de Feijóo de este jueves en el Senado, un acto en el que hizo balance del curso sin aceptar preguntas de la prensa, compareció en Ferraz para decir: “El balance de Feijóo demuestra poco trabajo, mucho catastrofismo, ninguna acción y ninguna idea para que el PP sea alternativa. Mal, señor Feijóo, muy mal”. Más tarde lamentó que el líder de los populares nunca se alegre de las buenas noticias, como la de la EPA.

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