Experts Identify 100 Plus Firms to Make Covid-19 mRNA Vaccines

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© 2021 Human Rights Watch

(Washington D.C., 15 de diciembre de 2021) – La nueva variante de Covid-19 pone de manifiesto los peligros de un acceso gravemente desigual a las vacunas contra el Covid-19 y de que la producción se concentre en EE. UU. y Europa, señaló Human Rights Watch en el día de hoy. Human Rights Watch y otras organizaciones escribieron a los gobiernos estadounidense y alemán instándolos a que adopten medidas sobre la base de una nueva lista publicada hoy por expertos, en la cual se identifican más de 100 empresas en África, Asia y América Latina con potencial para producir vacunas de ARN mensajero.

Esta nueva lista deja en claro que es factible la producción de vacunas de ARN mensajero fuera de EE. UU. y Europa. Muestra que las empresas que desarrollaron vacunas de ARNm seguras y efectivas contra el Covid-19 no están compartiendo sus conocimientos ni su tecnología de manera amplia a fabricantes con capacidad suficiente. Los gobiernos de EE. UU. y Alemania deberían adoptar todas las medidas disponibles para cerciorarse de que los fabricantes de vacunas contra el Covid-19 transfieran de manera urgente tecnología a otros fabricantes idóneos de África, Asia y América Latina, así como al centro de tecnología de la Organización Mundial de la Salud.

“Las proyecciones sobre producción global que dicen que pronto habrá suficientes vacunas contra el Covid-19 para todo el mundo son engañosas”, explicó Aruna Kashyap, directora asociada de la división de Empresas y Derechos Humanos de Human Rights Watch. “Los gobiernos de EE. UU. y de Alemania deben exigir mayores transferencias de tecnología y no permitir que sean las empresas las que determinen dónde y cómo llegan a gran parte del mundo las vacunas y los tratamientos que salvan vidas, mientras el virus sigue mutando”.

Diversificar e incrementar la producción global en países de ingresos medios y bajos compartiendo conocimientos y tecnología, sobre todo en relación con las vacunas de ARN mensajero, ayudaría a reforzar el abastecimiento de vacunas y a que el mundo esté mejor preparado para responder de manera colectiva a la pandemia.

La lista de posibles fabricantes de ARNm la elaboró el coordinador del proyecto AccessIBSA, que promueve el acceso a medicamentos en India, Brasil y Sudáfrica, así como un especialista en vacunas de la Campaña de Acceso de Médecins Sans Frontières (MSF o Médicos sin Fronteras).

El acceso a vacunas contra el Covid-19 es muy desigual en todo el mundo y su escasez podría poner en riesgo la salud, la vida y los medios de subsistencia a medida que surgen nuevas variantes. Al 29 de noviembre, los países con ingresos bajos habían recibido apenas el 0,6 % de las vacunas que hay en el mundo. La inmensa mayoría de las vacunas BioNTech-Pfizer, Moderna y J&J han terminado en países de ingresos altos, según surge de datos recabados por Airfinity, una empresa de información y análisis científicos, y transmitidos a People’s Vaccine Alliance.

Las empresas tienen responsabilidades de derechos humanos que les exigen transmitir sus conocimientos y tecnología de manera más amplia para una recuperación más veloz de las pandemias y para la preparación ante estas, expresó Human Rights Watch.

El gobierno estadounidense aportó fondos públicos por cerca de USD 1000 millones a Moderna y también a J&J, que fabrica una vacuna de vector viral, destinados a investigación y desarrollo de vacunas contra el Covid-19 durante la pandemia. Los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. financiaron innovaciones fundamentales que hicieron posibles las vacunas contra el Covid-19 Moderna y Pfizer-BioNTech. El Gobierno de EE. UU. también realizó compras anticipadas de vacunas de Pfizer, Moderna y J&J.

El gobierno alemán aportó fondos sustanciales a BioNTech para la investigación y el desarrollo de su vacuna de ARN mensajero contra el Covid-19 con Pfizer. Los gobiernos de EE. UU. y de Alemania tienen la responsabilidad de exigir a esas empresas que compartan de manera más amplias sus conocimientos y tecnología, destacó Human Rights Watch.

La lista de más de 100 potenciales fabricantes de vacunas de ARNm amplía una lista de 10 posibles fabricantes que publicó el New York Times. Organizaciones de la sociedad civil de la India han identificado una lista de posibles fabricantes para aumentar la producción de la vacuna J&J.

“Hay más de 100 empresas en África, Asia y América Latina que tienen capacidad de fabricar una vacuna con ARN mensajero”, indicó Achal Prabhala del proyecto AccessIBSA. “Estas empresas pueden reducir las vastas desigualdades en el suministro de vacunas de ARNm en los países de bajos recursos. Lo único que precisan es que los gobiernos de EE. UU. y Alemania pongan fin a los monopolios y compartan la tecnología valiosa que financiaron y crearon fundamentalmente con ellos”.

Los potenciales fabricantes necesitan poder acceder a la propiedad intelectual, la tecnología relacionada con las vacunas y los materiales para producir más vacunas y contribuir así a una respuesta más rápida y equitativa al Covid-19. La propuesta de India y de Sudáfrica de que se dispensen temporalmente ciertas normas sobre propiedad intelectual y comercio global sigue sin tener avances en la Organización Mundial del Comercio.

La exención permitiría que los gobiernos colaboren para ampliar la fabricación de vacunas y los tratamientos contra el Covid-19 y las pruebas de detección, sin temor a represalias en el ámbito del comercio. Más de 60 países de ingresos bajos y medios impulsan en forma conjunta la propuesta. El Gobierno de EE. UU. dio a entender que apoyaría una dispensa. Los gobiernos de altos ingresos, como Alemania y la Comisión Europea, están entre quienes han bloqueado la exención en forma reiterada. Estos gobiernos deberían dejar de oponerse a la exención de los ADPIC de inmediato y trabajar para que haya una pronta adopción, señaló Human Rights Watch.

En todo el mundo, organizaciones de la sociedad civil como People’s Vaccine Alliance y sus miembros han pedido la exención de los ADPIC y también que haya transferencias más amplias de tecnología. Expertos de la ONU escribieron el 14 de octubre a los gobiernos de EE. UU. y de Alemania, entre otros, pidiendo información sobre sus acciones para “evitar el acaparamiento de vacunas y contribuir a una mejor contratación y distribución”, entre otras cosas, fortaleciendo la capacidad de países con ingresos bajos y medios de “producir vacunas por sí mismos”.

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© 2021 Stephanie Keith/Bloomberg via Getty Images

Según la OMS, cada día hay seis veces más refuerzos administrados a nivel global que primeras dosis en países de ingresos bajos.

Las proyecciones sobre fabricación global que encargó una asociación del sector farmacéutico y que sugieren que pronto el mundo contará con abastecimiento suficiente de vacunas contra el Covid-19 son engañosas. La fabricación de vacunas en muchas instancias ha sido inferior a lo proyectado. En septiembre, la iniciativa global para la adquisición de vacunas COVAX anunció una disminución del 25 % en el suministro de vacunas que esperaba para 2021.

Estas proyecciones no dan información desglosada acerca de dónde se aprueban las vacunas para el uso, lo cual determina cómo y dónde pueden distribuirse. Estas proyecciones tampoco toman en cuenta las dosis adicionales que se precisan para refuerzos, la vacunación de niños y niñas más pequeños ni las nuevas variantes, como así tampoco las dosis que se perdieron debido a desperdicio. Estos factores aumentan de manera significativa la demanda global.

Al 12 de octubre, los gobiernos de altos ingresos se habían comprometido en forma colectiva a donar 1.800 millones de dosis de vacunas, pero apenas el 14 % se habían entregado, según datos de Airfinity que cita People’s Vaccine Alliance.

El 29 de noviembre, African Vaccine Acquisition Trust (AVAT), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC) y COVAX expresaron que “la mayoría de las donaciones hasta el momento han sido ad hoc, las entregas se informaron con muy poca antelación y tenían fechas de vencimiento muy próximas”. La falta de transparencia con respecto a los cronogramas de entrega programados imposibilita que los gobiernos, COVAX y otras iniciativas de adquisición sepan cuándo se entregarán vacunas que puedan distribuirse.

Los compromisos de los gobiernos resultan inadecuados, ya que un enfoque que se concentre en la redistribución de dosis no aumenta ni diversifica la capacidad de fabricación de las farmacéuticas en los países de ingresos bajos y medios, explicó Human Rights Watch. Los desarrolladores de vacunas estadounidenses y alemanes dependen considerablemente de la fabricación en EE. UU. y Europa. Limitar las transferencias de tecnología a EE. UU. y Europa distorsiona de manera significativa la cadena de suministro global y hace que el acceso a las vacunas resulte precario e imprevisible.

Hasta el momento, ninguna de las empresas se ha sumado a iniciativas que promueve la OMS destinadas a poner en común y compartir la propiedad intelectual, y Pfizer, BioNTech y Moderna todavía no han participado en el centro para la transferencia de tecnología de ARN mensajero de la OMS.

Los anuncios recientes de Moderna y BioNTech respecto de su intención de construir plantas de fabricación en África no reemplazan la posibilidad de mayores otorgamientos de licencias y transferencias de tecnologías a fabricantes idóneos o de participación en el centro para la transferencia de tecnología de ARN mensajero. Moderna no especificó cuál sería la ubicación de su planta ni indicó cuándo empezaría a funcionar. BioNTech expresó que empezará la construcción de establecimientos en Ruanda y Senegal a mediados de 2022.

La intención del gobierno de EE. UU. de aumentar la fabricación nacional de vacunas en la segunda mitad de 2022 profundiza la dependencia de la producción estadounidense y las donaciones de vacunas procedentes de ese país.

Human Rights Watch escribió a las tres empresas estadounidenses entre abril y agosto de 2021 planteándoles preguntas detalladas sobre sus políticas y prácticas relacionadas con la disponibilidad y la asequibilidad de las vacunas. Pfizer contestó a dos cartas de Human Rights Watch. Moderna contestó a la primera pero se negó a contestar una segunda. J&J no respondió a reiterados pedidos de información y comentarios. Human Rights Watch también se sumó a un grupo numeroso de organizaciones de la sociedad civil y personas que escribieron a estas empresas en diciembre de 2020.

Pfizer expresó que “apenas unos pocos establecimientos en el mundo están en condiciones de dar los pasos críticos necesarios para fabricar vacunas de ARN mensajero y generar los insumos que se precisan para producir esas vacunas a gran escala”. Pfizer indicó que “considera positivo que haya iniciativas voluntarias que contribuyan al conjunto de recursos y opciones para promover un acceso equitativo a las terapias y vacunas contra el COVID-19… y mantiene el compromiso de entablar un diálogo constructivo con todas las partes”.

Moderna expresó que “no tenía conocimiento de que existiera capacidad ociosa de fabricación de ARNm”, pero expresó que tenía el compromiso de “gestionar nuevas alianzas en todo el mundo para ampliar la producción y el suministro” de su vacuna. Un estudio reciente que llevó a cabo Access Campaign de MSF determinó que Pfizer y Moderna tardaron entre tres y siete meses en transferir tecnología y empezar a despachar vacunas desde nuevos establecimientos.

Expertos en la cuestión del acceso a las vacunas también han sido críticos de las prácticas restrictivas de J&J sobre otorgamiento de licencias y su decisión de exportar  millones de dosis producidas en Sudáfrica a Europa. J&J no respondió a las preguntas que planteó Human Rights Watch sobre sus políticas y prácticas.

“El mundo necesita que los gobiernos de EE. UU. y Alemania asuman un liderazgo transformador ahora”, opinó Margaret Wurth, investigadora sénior de Human Rights Watch. “Los líderes mundiales han prometido solidaridad, cooperación con la comunidad internacional y una respuesta inteligente ante el Covid-19 en varias oportunidades. Ahora urge que cumplan con lo prometido”.

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