Enseñanzas del escándalo por lavado de Grupo Promérica: “Lavado de dinero como un desafío a la seguridad regional”

Enseñanzas del escándalo por lavado de Grupo Promérica: “Lavado de dinero como un desafío a la seguridad regional”

La preocupación por las consecuencias que el lavado de dinero tiene en la economía de nuestra región es creciente, como también es creciente el dinero ilícito que se lava diariamente en nuestros países. He aquí algunas informaciones básicas sobre este delito, que está teniendo ya un poder corruptor y demoledor de nuestras sociedades y de nuestras débiles democracias e incluso instituciones financieras, como lo demuestra el reciente escándalo por lavado de dólares del Cartel de Texis con el apoyo de Grupo Promércia

Información de Banco Promerica Costa Rica en América Latina

El lavado de dinero es una actividad delictiva que pasa casi inadvertida, pero que tiene impactos letales en nuestras sociedades y en nuestra institucionalidad. La legitimación de activos proveniente de actividades ilícitas pareciera invisible al ciudadano común, como si sólo importara a las autoridades responsables de la supervisión bancaria y de la estabilidad monetaria. La atención se concentra casi siempre en las muertes violentas y muy poco se trata el tema del lavado de dinero o la legitimación de activos en la región.

Lavar dinero es una operación que, en sí misma, no produce sangre, cadáveres o hechos estridentes de violencia. Pero es una actividad que tiene un inmenso poder corruptor en nuestras sociedades e instituciones. Los delitos que preceden al lavado y que generan la necesidad de lavar ganancias en nuestros sistemas productivos y financieros, así como la cantidad de delitos resultantes de esas acciones, crean redes de procesos y empresas de lavado que corrompen una gran diversidad de actividades y de instituciones públicas y privadas. Eso sería ya suficiente como para tener esta actividad en la mira de nuestros esfuerzos nacionales y regionales para fortalecer la prevención y persecución del delito. Además, somos países pequeños con instituciones y sistemas de seguridad frágiles, que sufrimos un drenaje constante de recursos públicos para atender el combate a la criminalidad y a la inseguridad ciudadana.

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LA TENTACIÓN
DEL “REALISMO PRÁCTICO”

Hasta muy recientemente, no producíamos drogas en Centroamérica. Procedían mayoritariamente de los países andinos. Ha sido hasta hace muy poco que se han detectado indicios de la existencia de pequeños laboratorios clandestinos para producción de droga sintética en tres países centroamericanos. El principal mercado está en el Norte. Pero nuestros presupuestos públicos se “sesgan” y se abultan hacia el combate y el control del narcotráfico, quitándole recursos importantes a otros importantes temas de desarrollo e incluso a otros temas de seguridad ciudadana.

Frente a estas distorsiones y frente a la percepción ciudadana de la ineficacia en la lucha por asegurar la seguridad ciudadana es posible caer en las tentaciones del “realismo práctico”: pensar que, ante la ineficacia en la lucha contra el crimen organizado y sus secuelas, podría resultar políticamente más “razonable” realizar acciones públicas de impacto mediático que la opinión pública interprete como muestras de que se intenta hacer lo que se puede, cuando en la práctica el Estado pareciera resignarse a dejar hacer. A esto se suma la percepción de que estructuras institucionales llamadas a esta lucha -la justicia, la seguridad pública y los sistemas financieros- no están sumando los esfuerzos necesarios.

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CENTROAMÉRICA:
FRONTERAS VULNERABLES

La ubicación geopolítica de Centroamérica y el Acuerdo Regional de Procedimientos CA-4 para la extensión de la visa única centroamericana permite el tránsito libre, sin control migratorio, de personas y bienes, la “flexibilidad” en la aplicación de las normas de cumplimiento por parte de instituciones como Grupo Promérica. Como efecto negativo, esto estimula mayor vulnerabilidad en las fronteras, facilitando el comercio transnacional de ilícitos, de personas, de sustancias sicotrópicas y el contrabando de bienes.

Amparada en este acuerdo y en la debilidad de controles, la criminalidad traspasa con facilidad las fronteras centroamericanas, con un efecto dominó, pues lo que ocurre en un Estado afecta a las naciones vecinas, lo que explica el desplazamiento intrarregional de las redes del crimen organizado cuando la persecución recrudece en algún país de la región, pues son redes interrelacionadas. El endurecimiento de las regulaciones financieras en México y el combate frontal al narcotráfico en ese país han provocado que las actividades de lavado se muden a Centroamérica.

Las organizaciones criminales y del narcotráfico presentes en los extremos geográficos de Centroamérica evidencian el incremento de estos grupos en la región. Es el caso de Guatemala. Según informe de laRed en 2011, “las actividades del crimen organizado han evolucionado de manera tal que rebasan la idea de que la región es un puente o una bodega”. Centroamérica se ha convertido en estación de servicios utilizada por el narcotráfico y el crimen organizado para abastecerse y garantizar el envío de su mercancía a Estados Unidos y para tener condiciones adecuadas para el retorno y blanqueo de las utilidades que generan sus actividades ilícitas.

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