La ideología totalitaria ambientalista

La ideología totalitaria ambientalista

En medio de la cifra más alta de desempleo que jamás se ha registrado en Costa Rica, con los niveles más altos de déficit fiscal de los que se tiene memoria, con una pobreza que crece, un país que está obligado a endeudarse para pagar sus obligaciones, se sigue imponiendo en ciertos sectores de población un romántico, idílico y muy peligroso discurso ultra ambientalista, que puede terminar de lanzarnos al despeñadero.

La historia ya nos probó (y nos sigue probando día con día), el error garrafal que fue detener la concesión minera en Crucitas. Una empresa seria, mundialmente reconocida, que había presentado un plan remedial para el impacto ambiental, con altísimos niveles de compensación y reforestación, fue expulsada por el impulso de la ideología totalitaria ambientalista y lo que tenemos hoy en ese lugar es un desastre ambiental mil veces peor, por no mencionar la grave crisis social que se sufre en una zona donde la miseria no hace más que crecer.

El totalitarismo ambientalista propugna que la protección al medio ambiente debe estar por encima de cualquier cosa, incluso el bienestar de las personas. Aunque nuestra tierra sea capaz de generar riqueza, buscando mitigar el daño al ambiente lo más que se pueda, los seguidores de la secta ambientalista, prefieren que reine el hambre y la pobreza. Para ellos, las gentes que sufren por no poder utilizar los recursos naturales deben soportar estoicamente el sacrificio y sufrir en el más riguroso silencio, porque su bienestar cae en un segundo o tercer plano.

Habiendo dejado un desastre en Crucitas, ahora, aprovechándose de la pandemia que nos aflige, enfocan sus baterías en el sector piñero. En su reducción simplista sembrar piñas es el equivalente a matarnos a todos (como si les importaran las personas que se podrían quedar sin empleo y el futuro de esas familias).

En lugar de caer en las burdas generalizaciones de estos fascistas ambientales, debemos ser claros y comedidos: sí, hay empresas piñeras que abusan y generan un daño al medio ambiente que debe ser evitado. También hay empresas piñeras que no resguardan los derechos laborales de las y los trabajadores. Son ciertas empresas que generan una competencia desleal. Pero esas malas compañías deben ser señaladas con nombres y apellidos y deben ser diferenciadas de aquellas que sí cumplen con las reglas.

No es justo que se meta a todos en el mismo saco en un afán por destruir un sector que da empleo y genera dinamismo económico en varias zonas del país. Aquellos que incumplan en las medidas para la protección razonable del medio ambiente y aquellos que no cumplan con los derechos laborales, que sufran todo el peso de la ley. Aquellos que sí resguardan a sus trabajadores y mitigan el impacto en el ambiente, que les dejen en paz.

Costa Rica se enfrenta a un futuro donde la pobreza y el desempleo estarán a las órdenes del día. No podemos darnos el lujo de seguir con ideas bucólicas, idealistas y románticas solo porque suenen “lindo”. Nuestro país tiene incontables riquezas que pueden y deben ser explotadas de forma sustentable. Es posible hacerlo.

El ejemplo de Crucitas está ahí para que todos podamos ver el error que se comete, cuando se presta oídos a quienes prefieren ver a personas desempleadas y en miseria, antes de que dar trabajo y que el país pueda aprovechar sus recursos. No caigamos nuevamente en la trampa.

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